Nuestra "carta magna",no necesita actualización sino revitalización

Nuestra "carta magna",no necesita actualización sino revitalización

Agencia SIC

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Mons. Pérez Pueyo Las bienaventuranzas son nuestra "carta magna constitucional", el programa de vida de todo discípulo-misionero del Señor. El termómetro real a través del cual se visibiliza nuestra coherencia de vida. Las bienaventuranzas, esto es, el mundo al revés que Jesús propuso como alternativa, es el único modo efectivo y afectivo que devuelve la dignidad a cada persona. Al pobre, al que llora, al que tiene hambre o sed de justicia, de amor, de solidaridad, de libertad, de plenitud de sentido? también de Dios.

ucas menciona solamente cuatro frente a las ocho de san Mateo, aunque deja entrever algunas amenazas inquietantes. Si los pobres y los hambrientos, si los que lloran y los perseguidos son dichosos no es por su triste situación, como es evidente, sino porque gozan del amor de Dios que les da el Reino y del favor de la comunidad cristiana que se esfuerza por sacarlos de esa situación o, al menos, de aliviarlos. Dichosos los pobres de espíritu, es decir, bienaventurados los que, incluso teniendo bienes materiales, tienen un corazón desprendido, comparten con los necesitados, se fían de Dios más que de Wall Street, de su cuenta bancaria, de sus ahorros o inversiones? Son acogedores sin autosuficiencia ni paternalismos y se muestran abiertos y humildes para ser enriquecidos espiritual y humanamente por los demás.

La pobreza engloba el aspecto económico, social, cultural, espiritual, religioso? También la carencia de dignidad y de derechos humanos, la marginación, la privación de libertades, la negación de voz y de voto, la explotación, la injusticia, la opresión, la enfermedad y la muerte prematura? Quizás por ello nuestro testimonio de pobreza sea hoy igual que ayer el indicador más fidedigno que la sociedad tiene de nuestra coherencia de vida.

Démosle gracias al Señor porque, proclamándolos dichosos, les ha devuelto la dignidad. Tal vez sea la sociedad quien deba de cambiar de óptica, al considerarlos como los últimos y los más infelices porque realmente nadie en la vida es tan rico que no necesite nada de los demás ni tan pobre que no pueda aportar nada a sus hermanos.

Con mi afecto y mi bendición

+ Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

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