La multiplicación de los panes y los peces

La multiplicación de los panes y los peces

Agencia SIC

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l pasaje del Evangelio de San Juan de este domingo nos sitúa ante uno de los grandes milagros de Jesús: la multiplicación de los pa­nes y los peces.

Los milagros de Jesús tienen siem­pre un significado bien concreto.

o Aumentar la fe de sus discí­pulos.

o Suscitar la fe en quien le ve.

o Para manifestar la gloria y el poder de Dios y del Mesías..

o Para corroborar sus palabras con hechos.

o Para manifestar la compasión y la misericordia de Dios.

Siempre, para poder realizarlos, pide unas exigencias:

El milagro de la multiplicación de los panes y los peces podemos deno­minarlo el milagro de la generosidad y de la compasión, precisamente por­que nos presenta a Jesús respondien­do a las necesidades más profundas de la persona, porque se compadeció de los que lo seguían, porque anda­ban como ovejas sin pastor.

Jesús no desea publicidad con sus milagros, por eso cuando se da cuen­ta de que le quieren proclamar rey, se retira al monte él solo.

San Juan destaca que la multipli­cación de los panes y los peces es un signo de solidaridad. Cuando Andrés le dice a Jesús que hay un muchacho que tiene cinco panes y dos peces, nos está diciendo que dar de comer a tan­ta gente no depende de una solución económica, sino de saber compartir. Aquel muchacho comparte, da sus cinco panes y dos peces a Jesús y Él realiza el milagro.

Hoy vivimos en un mundo que necesita la multiplicación de personas solidarias, que quieran compartir lo que es de todos

Los milagros no son algo que Je­sús realiza solo en su tiempo. Hoy con nosotros Jesús realiza también verdaderos milagros, aunque a ve­ces no nos demos cuenta porque es­temos demasiado acostumbrados a ellos:

Se hace necesario que nosotros se­pamos descubrir la mano y el poder de Dios en nuestra vida, se hace nece­sario que creamos en Él. Que sepamos descubrir su acción en nosotros. Que descubramos que Dios se interesa por nosotros, que le importamos, y que está siempre acompañándonos en la vida. Que no seamos indiferentes a Él, que nos interesemos por Él, que Dios sea realmente importante en nuestra vida.

Es necesario que cuando descubri­mos a Dios en nuestra vida seamos agradecidos con Él por tantas cosas: por el amor que nos demuestra, por interesarse por nosotros a pesar de que nosotros lo olvidemos a veces en nuestra vida. Que sepamos descubrir el gran amor misericordioso que nos muestra cuando, sin merecerlo por nuestros pecados, nos da tantas gra­cias y está dispuesto siempre a perdo­narnos y favorecernos.

Vamos a pensar en tantas cosas buenas como diariamente recibimos de Dios y que son un verdadero mi­lagro que Él realiza en nosotros, y vamos a pedirle que sepamos agrade­cérselo y que sepamos corresponder haciendo en nuestra vida todo aque­llo que Él nos pide como criaturas su­yas que somos.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

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