El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

El mensaje semanal del Obispo de Cuenca
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Mons. José María Yanguas Queridos diocesanos:
En una sociedad en la que se da una gran diversidad de visiones del mundo, una pluralidad de creencias religiosas y una notable variedad de escalas de valores, la predicación y transmisión del Evangelio a las que la Iglesia está llamada pide un exquisito respeto de las personas, consecuencia tanto de la virtud de la justicia como de la caridad. La Iglesia, que no puede renunciar de ningún modo a predicar abiertamente el Evangelio, no pretende ni quiere imponer a los demás las propias convicciones, sea que estas tengan que ver con el dogma o con la moral. Por eso, el Papa Francisco, en los números que la Exhortación Apostólica "La alegría del Evangelio" dedica al diálogo social como contribución a la paz, afirma con claridad que el anuncio del Evangelio "implica un camino de diálogo"(n. 238), prestando de ese modo un servicio al desarrollo del ser humano y contribuyendo al bien común.
En efecto, el bien común de la sociedad, es decir, aquel conjunto de condiciones que permiten que todos podamos alcanzar nuestra perfección, tiene entre sus componentes esenciales la existencia de un clima de diálogo, sereno y fraterno, en que se privilegia "la búsqueda de consensos y acuerdos", sin rebajar por ello a la preocupación por la justicia (n. 239). Ese espíritu de diálogo facilita la paz en sociedades como las occidentales, recorridas por diferencias de todo tipo, económicas, políticas, culturales o religiosas.
Por eso la Iglesia proclama el evangelio de la paz e impulsa el camino del diálogo, sincero y respetuoso, entre los hombres, ajeno a cualquier tipo de violencia e imposición. En su Exhortación el Papa Francisco precisa tres campos de diálogo en los que la Iglesia quiere realizar especialmente su servicio al bien común: el diálogo con los estados, con la cultura y la ciencia, con los no católicos.
En su relación con el Estado, la Iglesia reconoce de buen grado que compete a éste "el cuidado y la promoción del bien común de la sociedad" (. 240). Acepta con sencillez no tener a mano soluciones para todos los problemas y colabora con el Estado en apoyar las propuestas más acordes con los dos grandes principios que deben regir las actuaciones de la autoridad pública: la dignidad humana y el bien común.
En su relación con la cultura y la ciencia, el Papa señala dos principios fundamentales: de una parte, la Iglesia no pretende detener el progreso de la ciencia (n. 243), pues sabe que las auténticas verdades no se oponen a la Verdad. Defiende, al mismo tiempo, una actitud abierta en la búsqueda de la verdad proponiendo la complementariedad, no la exclusión, entre los métodos de las ciencias empíricas y los propios de otros saberes, como la filosofía y la misma teología." La fe no tiene miedo a la razón, dice el Papa; al contrario la busca y confía en ella" (n. 242).
Por lo que se refiere a las relaciones de la Iglesia con los no católicos, los nos cristianos e incluso con los no creyentes, el Papa Francisco considera que el ecumenismo y el diálogo interreligioso, siempre amable y cordial, no sólo responde a la exigencia de una predicación creíble del Evangelio, sino que es también un aporte a la unidad de la familia humana (n. 245) y por tanto a la paz del mundo. La fe cristiana lejos de favorecer actitudes fundamentalistas e intransigentes, incompatibles con la libertad religiosa y el respeto a las conciencias, proclama una auténtica actitud de apertura en la verdad y en el amor que debe caracterizar las relaciones del cristiano con otros creyentes y aún con quienes no profesan ninguna religión o se dicen ateos. Como dice el Papa, los creyentes nos sentimos también cercanos de quienes buscan sinceramente la verdad, la bondad y la belleza que para nosotros tiene su máxima expresión y su fuente en Dios" (n. 257).
+ José María Yanguas
Obispo de Cuenca





