¿Habéis puesto ya el Belén?

¿Habéis puesto ya el Belén?
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La pregunta es obligada en un momento en el que la celebración de la Navidad tiene muchas caras, incluso contradictorias y vacías de sentido. Por mucho que haya cambiado nuestra sociedad y vivamos una nueva época, hay tradiciones que no pasan, que se viven con la originalidad de siempre y da gusto constatar cómo encajan en una sociedad que es calificada de laica o de aconfesional. El hecho es que las personas son religiosas en su gran mayoría y no está en la línea de los derechos humanos la imposición del rechazo hacia el hecho religioso y cristiano.
El papa Francisco, en la Carta apostólica sobre el significado y el valor del "belén", dice que la contemplación de la escena de la Navidad nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrarse con cada hombre, para que también nosotros podamos unirnos a Él. Por ello, nos hace ver que el "belén" es como un Evangelio vivo y que representarlo equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con alegría.
¿Habéis puesto ya el "belén"? Es una pregunta obligada porque tenemos necesidad de referentes que nos abran los ojos a lo esencial y el corazón a otro estilo de vida. Hace unos años, escribí esta sugerencia: "Un belén en cada casa". Lo hacía con el intento de hacernos eco de un clamor que era interesante hacer notar. El detalle del "belén" dentro de la casa o en otros lugares nos dan noticia del origen de lo mejor que nos haya podido suceder: conocer la familia de Nazaret envuelta en un misterio de pobreza, pasando la penuria de la inmigración, sufriendo el rechazo de una sociedad que no les facilita vivienda y les cierra todas las puertas, el drama que hoy muchos contemporáneos nuestros sufren en su propia carne.
Contemplarlo con limpieza de corazón nos abre a una nueva sensibilidad social.
Por eso, poner el "belén", mostrarlo a los hijos y a los nietos, e invitar a una sencilla oración, es evangelizar, es poner el Evangelio y la persona de Jesús en el corazón de la familia y hacerlo referente principal hasta ver que es portador de unos valores nuevos y originales que conforman el caminar cristiano. Ante el pesebre, sea la forma más clásica o la más atrevida que la ignora o lo diluye en medio de tanto consumo desmedido, la pregunta es inevitable: "¿Donde está Jesús?". Poner el "belén" muestra la verdad de un corazón sencillo, contagiado por la ternura del Dios que se ha hecho niño.
+ Sebastià Taltavull
Obispo de Mallorca





