La Eucaristía, fermento de caridad
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Mons. Casimiro López Llorente Queridos diocesanos:
En el centro de la Fiesta del Corpus Christi, que celebramos este Domingo, está la exaltación del Sacramento de la Eucaristía: es el Sacramento del amor, en que Cristo Jesús nos ha dejado el memorial permanente de su entrega total en la Cruz por amor a todos. En la Eucaristía, el mismo Señor se da como la comida que da la Vida y se queda permanentemente presente entre nosotros para que, en adoración, contemplemos su amor supremo. Esta es nuestra fe católica de la que hacemos pública profesión y ofrecimiento al mundo en la procesión de este día.
La Eucaristía es central para la Iglesia y para cada cristiano; es la fuente de la que se nutren y la cima hacia la que caminan. Sin la celebración eucarística no habría Iglesia; y sin la participación plena en ella, la vida de todo cristiano languidece, se apaga y muere.
La Iglesia es signo eficaz de unidad entre los hombres gracias a la comunión entre Dios y los hombres restablecida por la muerte y resurrección del Señor. En cada Eucaristía actualizamos este misterio Pascual: se hace actual la entrega total de Cristo hasta la muerte por amor hacia la humanidad para unir a Dios con los hombres y a los hombres entre sí. El Señor Jesús mismo nos invita a su mesa, nos sirve y, sobre todo, nos ofrece su amor: él se nos ofrece y se nos da a sí mismo en comida para unirse con nosotros. La comunión del Cuerpo de Cristo nos une con el Señor y, a la vez, crea comunión entre todos los que comulgan su Cuerpo. Ambos aspectos ?unión con el Señor y unión entre los que se unen con él comulgando- no se pueden separar. La Eucaristía crea y recrea la comunión eclesial, de los cristianos, la nueva fraternidad que no admite distinción de personas ni conoce fronteras.
Por todo ello, la Eucaristía tiene unas exigencias concretas en el día a día, tanto para la comunidad eclesial como para los cristianos. La Iglesia, cada comunidad eclesial y cada cristiano estamos llamados a ser fermento de caridad y testigos activos del amor de Cristo, que celebramos y del que participamos, para que este amor llegue a todos, pues a todos está destinado. Por ser la Eucaristía el Sacramento del Amor, en la Fiesta del Corpus celebramos el Día de la Caridad y la colecta extraordinaria de Cáritas Diocesana, como expresión de nuestro compromiso en el amor.
Es encomiable y agradezco de corazón la respuesta generosa ante la crisis económica que están dando tantos fieles y tantas personas de buena voluntad con aportaciones en dinero y en alimentos a las Cáritas parroquiales, interparroquiales y diocesana. No puedo olvidar ni dejar de agradecer el trabajo silencioso y gratuito de muchos voluntarios en las diversas Cáritas, cuyo número, de otro lado, ha crecido en este tiempo de necesidad. La persistencia y agravamiento de la crisis nos urge a redoblar nuestro esfuerzo y compromiso en favor de todos los que peor lo están pasando para que a todos llegue el amor del Señor a través de nuestra caridad generosa. Seamos desprendidos y austeros; prescindamos de gastos superfluos a favor de los necesitados. Y ¿por qué no fijarnos un tanto por ciento de nuestros ingresos mensuales para Cáritas?
Cristo Eucaristía nos invita y envía a ser fermento de caridad y a ser testigos de su amor.
Con mi afecto y bendición,
+Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón





