Dos grandes fiestas

Dos grandes fiestas

Agencia SIC

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Mons. Jaume Pujol Nunca olvidaré que, a los pocos días de de mi consagración episcopal, me correspondió la suerte de presidir las ceremonias religiosas propias de la festividad de Santa Tecla y de la Mare de Déu de Misericòrdia, tan entrañables para los cristianos de Tarragona y de Reus desde hace siglos.

En la actual festividad de Santa Tecla, vuelvo de nuevo los ojos a la reliquia de su venerado brazo y al recuerdo de la vida de esta santa discípula de San Pablo cuyas huellas son tan notables aún hoy en la actual Turquía, en cuya ciudad de Iconio, actual Konya, nació la popular santa.

Recuerdo el viaje que hicimos hace un tiempo a estos territorios, correspondiendo a una amable invitación, que nos permitió sentir la emoción de pisar la tierra en la que se desarrolló la primitiva Iglesia, hasta el punto de ser en Antioquía donde por primera vez se utilizó el término "cristianos". Con especial ilusión celebré la santa misa en la modesta iglesia de San Pablo y Santa Tecla, de Konya, y visité otras ciudades entrañables, como Tarso, la ciudad del apóstol, o Estambul, donde es manifiesta la calidad de puente entre Oriente y Occidente, situación que nos remite al deseo de Sant Fructuós, manifestado al soldado Félix, de evangelizar a todo el mundo.

Los santos nos llevan a Dios. Esta es la razón del culto que la Iglesia les tributa y la que justifica y hace recomendable su presencia plástica en los templos. Santa Tecla ha llevado a muchas personas a honrar a Aquel a quien Tecla honraba y por quien padeció cruentos martirios.

Por otra parte, la persona más santa que ha existido es la Virgen María, y a ella nos dirigimos en sus numerosas advocaciones, entre ellas la de la misericordia. Y se da la circunstancia de que en el calendario podemos celebrar la fiesta de la Mare de Déu de Misericòrdia muy cerca de Santa Tecla. Si esta tiene en la Catedral de Tarragona el centro de su veneración, la fiesta mariana, en nuestra archidiócesis, tiene su centro espiritual en el Santuario que le está dedicado en Reus.

Fue en 1592, hace justamente 420 años, cuando la Virgen se apareció a una pastorcilla, Isabel Besora, en unos años en los que la ciudad estaba castigada por la peste, y le encargó que la población hiciera una procesión de candelas tan larga como la muralla, dejándole como muestra de su presencia un beso en la mejilla que quedó convertido en flor.

También aquí, como ocurre con Santa Tecla, la lejanía secular de los hechos permite que se mezclen la historia y la leyenda. Lo cierto es que la devoción manifestada desde entonces a la Virgen María en Reus creció y se plasmó primero en una pequeña ermita y más tarde en el precioso Santuario, tan visitado cada día y tan refulgente de luz y de asistencia de fieles en las misas dominicales.

Que la Virgen y los santos nos acompañen y hagan que también nuestra generación ofrezca los frutos de santidad que Dios quiere de todos nosotros.

? Jaume Pujol Balcells

Arzobispo de metropolitano de Tarragona i Primado

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