Discernir la santidad

Agencia SIC

Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Mons. Agustí Cortés Nuestro compromiso de discernir la vida de la Iglesia Diocesana ha de afrontar un desafío difícil. Es el desafío de descubrir en ella huellas de santidad y de proyectar su futuro de forma que sea cada vez más santa. La santidad es uno de los rasgos esenciales que ha de tener la Iglesia verdadera.

Hablamos de un desafío difícil, en primer lugar, porque sencillamente en la Iglesia hay pecadores. Y ¿cómo conciliar este hecho con la santidad de la Iglesia? ¿Sería esto una cuestión de estadística, como en el episodio del Génesis, cuando Abraham regateaba con Yahvé sobre el porcentaje de justos que bastaría para no destruir la ciudad (cf. Gn 19)?

En segundo lugar, porque asombrosamente muchos no sabrían decir qué significa eso de la "santidad", más allá de entenderla como la cualidad de ser "buena persona".

Pero el obstáculo más serio es que, si preguntamos a cualquiera que pasa por la calle qué opina sobre si la Iglesia es santa, lo más seguro es que responda que no lo es en absoluto. Existe una especie de muletilla o estereotipo en la opinión pública, y también entre nosotros los católicos, según el cual la Iglesia no puede hacer otra cosa que pedir perdón y arrepentirse de sus errores y pecados. Nos hallamos en el punto opuesto al triunfalismo orgulloso. Algunas veces parece que la Iglesia tenga que pedir perdón por existir delante de jueces y maestros, erigidos por la opinión pública. La cuestión se agrava cuando la "difamación" deviene un vicio consentido y, lo que es peor, se instaura entre nosotros, entre algunos "puros" que pretenden defender la Iglesia quitando la fama de sacerdotes y fieles mediante chismes y denuncias, en la mayoría de casos deformando o falseando los hechos?

¿Cómo no vamos a aceptar el hecho de que exista el pecado en la Iglesia, cuando el mismo Jesucristo daba por supuesto que existiría, instruyéndonos sobre un Reino de Dios, que en su fase actual ha de contar con la cizaña y los peces malos (cf. Mt 13)? Nuestro discernimiento sobre la Iglesia Diocesana ha de contar con ello. Lo que no aceptaremos es que se constate el pecado entre nosotros y no se haga desde el amor, es decir, desde el amor a los pecadores y a la misma Iglesia. Más aún, que se denuncie olvidando que el denunciante pueda ser más pecador que el denunciado.

No hemos de temer a la verdad sobre nuestra Iglesia. Ni tampoco a las críticas que nos puedan hacer. Viene al caso lo que me decía un amigo que me recordaba aquella máxima de Santa Teresa de Ávila:

"La verdad padece, pero no perece", evocando un adagio castellano que la compara a los juncos: "La verdad se dobla pero no se quiebra".

Muchas veces la Iglesia se santifica con el movimiento de "doblarse" sin romperse. Y no es de extrañar que el movimiento de doblarse se deba al viento del mismo Espíritu Santo.

La Iglesia es santa porque santifica mediante la Palabra que resuena en ella, por los sacramentos que celebra para la vida del pueblo, por el amor concreto que vive y contagia en medio de una humanidad moribunda. Por eso San Pablo llamaba "santos" a los cristianos. Damos testimonio, además, de que entre nosotros "hay santos", también en el sentido efectivo, como cristianos que viven realmente según el Evangelio, a pesar de sus debilidades. En todo caso, como escribió E. Stein,

"Su santidad resulta patente, aunque sólo para aquellos cuyos ojos ya están abiertos, y los atrae al seguimiento de Cristo".

De estos ojos abiertos escucharemos gustosos su discernimiento sobre la santidad de nuestra Iglesia.

? Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

nuestros programas

ECCLESIA ALVARO SAEZ

Ecclesia

Con Álvaro Sáez

Domingos a las 13:00h

Tracking