La centralidad de la familia para todo ser humano

La centralidad de la familia para todo ser humano

Agencia SIC

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Mons. Gerardo Melgar Queridos diocesanos:

El 19 de octubre concluía en Roma la Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la familia, en la que -entre otras cosas- se ha puesto nuevamente de manifiesto que la familia ocupa una centralidad absolutapara todo ser humano. Esta centralidad es tan real y de tal importancia que da lugar a dos situaciones que el hombre vive de forma totalmente distinta: 1. Cuando la familia "funciona", es decir, cuando existe un clima propicio para que el ser humano viva y se desarrolle armónicamente en todos los aspectos más importantes de su vida, éste sueña, al final del día y del trabajo, con encontrarse con los suyos pues, con ellos, el corazón se le llena de satisfacción y alegría. La familia, en este caso, es como el vino bueno que anticipa en los días del hombre la fiesta sin ocaso. 2. Pero cuando la familia "no funciona", es decir, cuando no existe ese clima propicio para sentirse a gusto o se ha roto del todo, el ser humano se encuentra inevitablemente con su propia soledad, con el crepúsculo amargo de sus sueños, de sus proyectos rotos y las jornadas son un callejón sin salida llenas de resignación inevitable, de abandono y de rencor. Así expresaba el Papa Francisco esta centralidad al terminar una de las jornadas de esta Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos.

La familia es una verdadera escuela de humanidad (GS 52) de la que se tiene auténtica necesidad. A pesar de las diversas crisis por las que ha atravesado la familia, el deseo de la misma permanece vivo en el corazón de cada ser humano, especialmente en el de los jóvenes. Es también una auténtica escuela de fe y de evangelización en la que se reciben las primeras enseñanzas sobre la fe, sobre Dios Creador, Jesucristo Redentor, sobre un Dios cercano; en ella se recibe una cosmovisión cristiana en un clima de normalidad, con la misma naturalidad con la que, por ejemplo, se aprende a convivir o a respetar las normas de urbanidad. Por esto, la Iglesia no debe cansarse -y así lo hace- de anunciar el Evangelio de la familia como una buena noticia para todos: para los que no creen como escuela de humanidad y personalización; para los creyentes como el lugar privilegiado en el que Dios está presente y en el que se reciben insustituibles lecciones de fe que nunca se van a olvidar en la madurez.

En nuestra Diócesis tenemos como objetivos prioritarios para este Curso pastoraldos campos que nos proponemos cultivar y evangelizar de manera especial: la familia y los jóvenes. Permitidme que, con esta carta, os hable de la primera realidad, la familia, y su necesidad de evangelización. La familia, pese a las crisis por las que ha pasado históricamente, es una de las instituciones más necesarias y valoradas por el ser humano; sin ella se le hace difícil su maduración humana, social, personal y cristiana.

Si miramos a la familia como agente de evangelización descubrimos que es absolutamente necesaria e imprescindible para la transmisión de la fe de unas generaciones a otras. Por eso, la familia es una realidad que preocupa a toda la Iglesia, como lo demuestra, por ejemplo, la dedicación del Sínodo de los Obispos a esta temática o como nos preocupa también a nosotros como Iglesia particular de Osma Soria. Queriendo responder a esta preocupación, hemos tomado la familia como campo prioritario a acompañar y a evangelizar en esta nueva etapa de evangelización que iniciamos después de los tres años de Misión diocesana: queremos no sólo descubrir la problemática de la familia actual sino, sobre todo, poner de manifiesto y hacer entender a todos la belleza, la dignidad y la misión de la familia.

En una ambiente social descristianizado, también nuestras familias han perdido la frescura evangelizadora y se han convertido -muchas de ellas- en familias sin Dios, sin fe y sin esfuerzo por valorarla y transmitirla. Por eso, como Iglesia diocesana, sentimos la necesidad de devolver a esta institución la frescura creyente y evangelizadora que le corresponde para que pueda cumplir con la misión que tiene de ser lugar privilegiado donde se vive la fe y se transmite de unos a otros.

¿Cómo lo haremos? La acción pastoral con la familia vamos a centrarla en algunos momentos más importantes:

a. la formación de los padres que piden el Bautismo para sus hijos: para que no sólo pidan su Bautismo sino que asuman realmente todos los compromisos creyentes que adquieren respecto a la vivencia de su fe y a la transmisión de la misma a sus hijos. Para ello queremos impartir unánimemente en todas las parroquias de la Diócesis, a cada matrimonio en particular y en sus propias casas, algunas catequesis sobre la fe, el significado del Bautismo, la transmisión de la fe a los hijos, el compromiso que adquieren como padres de educarles en la fe, el rito del Bautismo, etc.

b. el acompañamiento de los novios: entendiendo por noviazgo no sólo la situación de los novios meses antes de casarse sino ampliándolo a todas las parejas de chico-chica que comienzan a salir juntos, a aquellas parejas que llevan ya un tiempo, a aquellas que ya tienen un noviazgo "formal". A todos estos queremos ayudarles a elegir acertadamente, a conocerse realmente, a elaborar su proyecto común de pareja, a revisar y plantearse su fe como pareja.

c. acompañar a los matrimonios constituidos en dos facetas importantes de la vida del matrimonio: 1. ayudarles a lograr un verdadero entendimiento y un planteamiento auténtico del matrimonio cristiano y 2. facilitarles cómo educar en valores/virtudes a sus hijos desde sus principios y sus convicciones creyentes más profundas.

Es mucha la tarea que tenemos por delante. Rememos juntos mar adentro y pongamos cada uno todo lo que podamos para lograr, de verdad, una auténtica evangelización de nuestras familias.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

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