Carta pastoral de Mons. Manuel Sánchez Monge: La Vida Consagrada, caminando juntos

Carta pastoral de Mons. Manuel Sánchez Monge: La Vida Consagrada, caminando juntos

Agencia SIC

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La consagración a Dios no aparta de la vida real, del mundo, de la familia, de los amigos? Los consagrados no se sitúan al margen de la vida de la Iglesia, sino en el corazón de la misma, allí donde nada ni nadie les es ajeno. Evagrio Póntico definía al monje como "el que está separado de todo, pero unido a todos". La exhortación apostólica Vita consecrata (n. 3) afirma: "La vida consagrada está en el corazón de la Iglesia". La vida consagrada despliega su ser en la vida, santidad y misión de la Iglesia. Y expresa su naturaleza como el caminar juntos, escuchando la Palabra de Dios, celebrando la Eucaristía, viviendo la comunión y la corresponsabilidad y participando en la misión de todo el pueblo de Dios, según sus diversos carismas.

Caminar juntos en la vida consagrada es darse cuenta de que a Dios solo se le encuentra caminando, poniéndonos en búsqueda (Tu rostro buscaré, Señor) porque es entonces cuando descubrimos que Dios se nos ha adelantado y nos ha buscado primero. Si nos dejamos encontrar por él se produce el encuentro entre la llamada divina por pura gracia y la respuesta humana total y sin condiciones. Caminando como peregrinos junto con los hombres y mujeres de nuestro tiempo les permite a los consagrados ejercer la dimensión profética que les caracteriza y que les hace capaces de ?despertar al mundo?, dormido tantas veces para escuchar la voz de Dios y de los hermanos. Así la sinodalidad no se queda para ellos en una palabra vacía o en un espejismo que no transforma la realidad.

Caminar juntos en la escucha de la Palabra de Dios, es una de las claves fundamentales de la sinodalidad. "Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que "escuchar es más que oír", como ha recordado el papa Francisco. Escuchar al Espíritu en primer lugar y escuchar a la humanidad herida, con sus gozos y tristezas. No es fácil escuchar de verdad: hacen falta tres condiciones: reciprocidad, respeto y compasión. Si no hay empatía y apertura de corazón, no se puede escuchar al otro. Y son igualmente necesarios el respeto y la compasión hacia el otro.

Caminar juntos en la comunión. Los consagrados están llamados a ser ?expertos en comunión?, en primer lugar con Dios y también con la humanidad. La comunión eclesial no es uniformidad y es el sello de discernimiento y verificación del camino sinodal. Por eso exige vivir la armonía en la propia congregación, con otras congregaciones e implicarse y participar en la vida

diocesana.

Caminar juntos en la misión después de experimentar el gozo de creer y la alegría de evangelizar. La sinodalidad está ordenada a potenciar la misión evangelizadora. Vivir la misión en clave sinodal incluye el diálogo, la escucha, el discernimiento y colaboración de todos los que llevan adelante la misión evangelizadora de la Iglesia. Los consagrados, con sus diversos dones y carismas, contribuyen a enriquecer la misión de la Iglesia haciendo posible que la semilla del Evangelio llegue a las capas más profundas del ser humano.

Mientras avanzamos en el camino sinodal, damos gracias a Dios por el don de la vida consagrada en la Iglesia universal y, muy especialmente, en nuestra Iglesia particular de Santander.

+ Manuel Sánchez Monge

Obispo de Santander

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