Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: La dictadura del número

Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: La dictadura del número

Agencia SIC

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Si se niega la realidad de un mundo objetivo, con todos los matices, una realidad dada que no depende radicalmente del hombre; si no se acepta una verdad que podemos llamar "ontológica", la que corresponde a cada ser, entonces desaparece también necesariamente la idea de toda verdad "lógica": si no existe una verdad objetiva, tampoco puedo comparar con ella mi

idea de las cosas: no puedo saber si hay adecuación o no entre ambas. Se hace imposible una idea fuerte de verdad.

Si no hay un mundo objetivo, en el que Dios ocupa un puesto "fundante", nos queda solo un mundo construido, creado por el hombre, en el que la provisionalidad será nota dominante: hoy las cosas están y son así, sin que sepamos cómo estarán y serán mañana; la opinión, el parecer provisional, tomarán el puesto de verdades y certezas.

Una vez destronada la verdad de las cosas que son, entronizada la idea del hombre creador, todo queda a merced de las mayorías: ¡La dictadura del número!: ¡no nos preocupemos de como son las cosas, decidamos lo que queremos que sean! ¡En realidad, las cosas son lo que queremos que sean!: "decidamos" cuáles son los derechos humanos "decidamos que ser varón o

mujer depende da cada uno; "eliminemos" de un plumazo la realidad de la paternidad o maternidad y quedémonos con la de progenitor 1 o 2?

En un marco ideológico como este, educar no es posible. Educar ¿por qué o para qué? La educación elimina la auténtica formación y se limita a imponer una ideología; se limita a instruir, pues no existen valores ni verdades morales en los que formar; la misma instrucción minusvalorará los contenidos y premiará la creación de habilidades, o capacidades, algo siempre de difuso contenido. Todo se tambalea ante o después, para dar paso al anarquismo, donde cada uno es señor, único,

de sí mismo. La libertad individual se absolutiza. Cada uno se hace a sí mismo sin que quepa admitir ingerencias indebidas, sean estas de los padres, de los profesores ?que no maestros o formadores, de la sociedad o de quien detenta en cada caso el poder. Las palabas de Francisco resultan, pues, muy acertadas: perdida la idea de Dios Creador y del hombre como criatura, se

destruyen "los fundamentos mismos de la vida humana y cristiana".

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

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