Carta pastoral de Mons. José Antonio Satué: Rezar el Rosario sin aburrirse

El obispo de Teruel y Albarracín hace una reflexión sobre el rezo del Rosario

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Hace poco, una amiga me dijo: "Ahora que eres obispo, mira si podéis inventar una oración más dinámica a la Virgen, porque el Rosario es muy aburrido. Mi amiga ama mucho a María, pero el Rosario le resulta poco atractivo".

Esta conversación me hizo recordar cómo fui descubriendo la riqueza de esta devoción secular. Siendo chaval, rezaba el Rosario y el Ejercicio de las Flores, durante el mes de mayo, con las mujeres de Sesa, en el Santuario de la Jarea. En ese tiempo procuraba concentrarme, para rezar los padrenuestros y las avemarías, dándome cuenta del significado de cada palabra. Lo intentaba, pero me despistaba a menudo. Entonces, el Rosario sólo era para mí una sucesión de padrenuestros y avemarías.

Siendo ya más mayor, en una predicación sobre el Rosario, escuché: "Mientras los labios repiten avemarías, el corazón y la mente contemplan los misterios de la vida de Jesús. Aquellas palabras me abrieron un mundo nuevo. A partir de ese momento, el Rosario ya no fue tanto una oración a María, sino una oración con María. Con ella y como ella, con sus sentimientos, con su amor, consideramos los principales momentos de la existencia de Jesús. Se trata de contemplar cada misterio de la vida del Señor por espacio de un padrenuestro y diez avemarías, de modo que, aunque a veces la imaginación vuele a donde no debe, las palabras que pronunciamos nos unen a María y a Jesús.

En este sentido, San Juan Pablo II escribió: He sentido la necesidad de desarrollar una reflexión sobre el Rosario, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre.Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo (carta apostólica Rosarium Virginis Mariae).

Al principio cuesta rezar así el Rosario, pero poco a poco se va aprendiendo, con mucho provecho espiritual, sin dejar espacio al aburrimiento. Es muy consolador contemplar con la Madre el nacimiento de Jesús, su transfiguración, su muerte o su resurrección. Es tan alentador contemplar y pensar: "todo esto por amor, todo esto por mí". La contemplación de las acciones, las miradas, los sentimientos del Maestro va cambiando nuestra sensibilidad y la vida entera, suscitando el deseo de vivir como Él y con Él.

Es cierto que a veces nuestro espíritu está revuelto y no es posible rezar el Rosario con esta profundidad. No pasa nada. También podemos repetir avemarías, mientras presentamos a Dios nuestros agobios, preocupaciones, proyectos, deseos. El Rosario se adapta perfectamente a cada estado del alma. Es una oración que sirve a los místicos contemplativos y a quienes viven en la noche oscura.

Unido al Papa Francisco, en este mes de octubre, también yo quiero recomendar el rezo del Santo Rosario. A la Virgen Santísima encomiendo este curso pastoral recién comenzado.

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