Amar la vida, amar toda la vida
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Mons. Francisco Gil Hellín En una ocasión oí decir a un conferenciante: "Los dos regalos más importantes que hemos recibido de Dios son la vida yla fe. Lavida, en el plano natural; la fe, en el plano sobrenatural". El conferenciante era médico y creyente. Pero ?en lo relativo a la vida-, podía haberlo dicho una persona no creyente pero honesta. Pues el sentido común y la recta razón bastan para afirmar que la vida es el clavo donde colgamos toda nuestra existencia. Si ese clavo se arranca, se vienen abajo todos los proyectos, éxitos, fracasos, cualidades personales, habilidades y amores.
Aquí está la causa última que explica por qué la vida tiene casi tantos partidarios como hombres y mujeres hay en el mundo. Y, desde luego, si se trata de la vida de niños, hay que quitar el "casi". Las últimas pruebas las hemos tenido la semana pasada, cuando murieron varias decenas de niños belgas que retornaban de Suiza tras unos días de excursión; también tres niños franceses han sido asesinados. Toda Europa se ha conmocionado.
Por eso, no deja de ser un enorme contrasentido que se intente hacer una excepción con los niños que anidan todavía en el seno de su madre. Sobre todo, a estas alturas de la ciencia, cuando ésta ha demostrado ya que el genoma humano está en el mismo momento de la fecundación y que ese genoma pervivirá invariable a lo largo de toda la vida de esa persona.
Quizás alguno piense que el feto no es todavía una persona, del mismo modo que un recién nacido no es todavía un adulto. Es verdad. Con todo, es un proceso único y continuo. En la vida humana hay, ciertamente, una gestación, un crecimiento, un nacimiento, una vida cada vez más desarrollada. Pero siempre partiendo de la persona engendrada.
Defender la vida, amar toda vida, proteger especialmente la vida del que todavía no ha nacido y evitar el aborto no afinca a los pueblos en un pasado inculto y cerrado al progreso, la libertad y la madurez democrática. Ocurre, más bien, lo contrario. Pensemos, por ejemplo, en la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos. La argumentación de quienes se oponían a esta medida -que eran tenidos por progresistas- produce hoy sonrojo ajeno, puesto que afirmaban que los esclavos no eran hombres en sentido pleno y no tenían la misma dignidad que los demás.
A nadie se le oculta que la mujer que acude a un abortorio, sufre el drama más terrible que puede sufrir y experimenta un trauma del que, quizás, no se reponga nunca. Por eso, hemos de poner todos los medios para que la presión familiar, social, económica y profesional no sea un incentivo que la empuje hacia el abismo. Las estadísticas señalan que si se supera dicha presión y se abre una puerta de futuro que asegura el bien de la madre y del niño, más del ochenta por cierto deciden proseguir el embarazo hasta el final. Por tanto, todos hemos de apoyar y fomentar las políticas tendentes a poner en las manos de la madre gestante alternativas reales al embarazo. Así me lo confirmaba personalmente una que sufría el síndrome post aborto, y que encontró ayuda en el proyecto Raquel.
Desde que entraron en vigor leyes abortistas se han practicado en el mundo más de mil millones de abortos. Algo más de la población actual dela India.¿Cuántos sabios, cuántos santos, cuántos deportistas de élite, cuántos médicos y enfermeras eminentes, cuántos padres y madres de familia ejemplares, cuántos inventores, cuántos pintores… se habrán ido de este mundo sin haber hecho su inestimable aportación?
Hoy, Jornada dela Vida, los que somos cristianos, además de profesar y defender que Dios es el creador y el único Señor de la vida, pedimos que ilumine y fortalezca a los legisladores para que fomenten leyes que defiendan toda vida, especialmente la no nacida.
+ Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos





