2013: Tiempo para amar

2013: Tiempo para amar
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Mons. Joan E. Vives El Año de la Fe que estamos viviendo es también, necesariamente, un Año de la Caridad, un tiempo para amar. Razones: por las exigencias hacia la gente que sufre y para construir una civilización del amor, ciertamente, pero en un sentido más profundo, porque tiene fe el que ama a Dios y "
" (
4,8). La fe se hace viva por la caridad, como dice el apóstol Santiago: "
" (
2,17.24).
El Santo Padre Benedicto XVI en su primera Encíclica "Dios es amor" (
, 2005) subrayaba que "la naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los sacramentos y servicio de la caridad. Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra". El pasado 11 de noviembre de 2012, Benedicto XVI ha querido explicitar con el documento "
" sobre el servicio de la caridad, que ésta es una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia. Todos los fieles tienen el derecho y el deber de implicarse personalmente para vivir el mandamiento nuevo que Cristo nos dejó, "
" (
15,12), ofreciendo a todos no sólo ayuda material, sino también consuelo y atención del alma. El amar debe llegar a todas las dimensiones de las personas y no puede detenerse en las necesidades materiales.
Este texto del Papa viene a reforzar la disposición y autoridad de los obispos por que velen por la buena organización de las actividades caritativas y por la transparencia en la utilización de los fondos recogidos. Quiere que se ordenen aún mejor las diferentes formas eclesiales organizadas del servicio de la caridad, recordando que la Iglesia, como institución, no puede ser ajena a las iniciativas que se promueven de manera organizada y son libre expresión de la solicitud de los bautizados por las personas y los pueblos necesitados. Por eso hay que acogerlas siempre como manifestación de la participación de todos en la misión de la Iglesia, respetando las características y la autonomía de gobierno que, según la naturaleza, corresponden a cada una de ellas como manifestación de la libertad de los bautizados. Conviene garantizar siempre que la gestión de todas las obras e instituciones de caridad se lleve a cabo de acuerdo con las exigencias de las enseñanzas de la Iglesia y con las intenciones de los fieles, y deben respetar también las normas legítimas emanadas de la autoridad civil. Y más en concreto, el Papa advierte de que "la actuación práctica resulta insuficiente si en ella no se puede percibir el amor por el hombre, un amor que se alimenta en el encuentro con Cristo". Las instituciones católicas (Cáritas, Manos Unidas, fundaciones, ONGs, etc.) en el ejercicio de la caridad no se pueden limitar a una simple recogida o distribución de ayudas materiales, sino que deben prestar siempre especial atención a la persona que se encuentra en situación de necesidad y realizar también una valiosa función pedagógica dentro de la comunidad cristiana, favoreciendo la educación hacia la solidaridad, el respeto y el amor, siempre según la lógica del Evangelio de Cristo. De este modo, debemos evitar que la caridad eclesial se diluya en una organización asistencial genérica, sin la huella de nuestra fe católica. ¡Año de la fe, Año del amor! Intentaremos amar como compromiso de nuestra fe cristiana y procuraremos que las instituciones de caridad existentes, y las que se puedan promover, sean transparentes y siempre vivan a fondo su inspiración cristiana. "
" (
13,8).
+Joan E. Vives
Arzobispo de Urgell





