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José Melero y Fran Simón

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    Pilar sigue sin respuestas tras la desaparición de su marido: “Mi hija de 14 años se siente culpable”

    Casi tres años después, la desaparición de Carmelo sigue sin resolverse

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    Tiempo de lectura: 2'Actualizado 02:15

    Carmelo desapareció hace 29 meses en Canarias. Tenía 65 años. Aquello ocurrió un miércoles, tal y como recuerda su mujer, Pilar: “Ese día libré y me traían a casa una lavadora nueva. Cuando la estaban instalando, faltaba una manguera, y le dije a Carmelo que fuera a un centro comercial a comprarla. Salió de casa sin móvil ni rebeca. Una vez la compró, se disponía a regresar a casa, y a unos 800 metros una vecina le vio por última vez. Desde entonces no sabemos nada de él." No hay día en el que Pilar no piense en lo que pasó, dónde está, si tiene hambre o frío.

    El estado de salud de Carmelo era delicado. Tenía problemas de visión, diabetes y una enfermedad degenerativa que afecta a sus huesos: “Por suerte no tenía enfermedad mental. Y en casa no teníamos problemas como para desaparecer voluntariamente. Yo eso lo descarto.”

    Un posible secuestro, el asesinato o marcharse de casa por no querer a la familia, ha pasado por la cabeza de Pilar para explicar lo ocurrido: “No tenemos respuesta de ningún tipo, pero desde luego no se marchó voluntariamente porque adora a su hija, y en nuestra pareja no teníamos grandes problemas. Tampoco tenía enemigos.”

    El día a día de Carmelo era el propio de un señor jubilado: "Yo iba a trabajar y mi hija al instituto. Por la mañana se dirigía al centro donde ejercitaba su mente para no perder la orientación. Llegaba casa al mediodía para comer. Por la tarde iba a natación para ejercitar los músculos, que le venía bien para que no se agravase la enfermedad, a veces tomaba un café con alguien...”

    Para Pilar y su hija, lo más difícil ha sido asumir la falta de respuestas: “No se ya qué pensar. A veces pienso que está muerto y otras que vive. Es una persona diabética, por lo que alguien tiene que cuidarle siempre. Si no toma la medicación, su deterioro es más rápido. Se dejó la medicación en casa, y no ha vuelto a retirar recetas en ningún centro de salud, al menos a su nombre. Tampoco dispone de una tarjeta de crédito”, lamenta Pilar.

    En el momento de su desaparición, las operaciones de búsqueda fueron intensas. Amigos, familiares y conocidos contribuyeron, peinaron toda la zona, pero no había rastro. La investigación a día de hoy sigue su curso, pero sin avances sustanciales: “Lo único que me mantiene viva es la esperanza y mi hija de catorce años. En el momento de la desaparición tenía once. Ya poco a poco va siendo consciente de que su padre desapareció, pero al principio lo pasó muy mal. No sabía si a su padre se lo llevaron, le asesinaron o se tiró por el barranco. Ella se sentía culpable, al igual que yo.”

    Pilar reconoce que emocionalmente van a peor con el paso del tiempo: "Al principio tienes la fuerza de encontrarlo, pero a día de hoy no le tenemos con nosotros.. Emocionalmente estamos más sensibles, porque piensas que no le encontrarás con vida."

    Su mujer le echa mucho de menos: "Mi vida personal no existe sin él. No le puedo contar mis cosas a nadie, no podemos reírnos, hacer los proyectos que teníamos en mente como viajar a París o a Inglaterra. Todo se quedó sin cumplir."

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