La historia de Abdul, "de la calle a vender periódicos en un quiosco" gracias a cuatro jóvenes
Dos matrimonios jóvenes invierten sus ahorros en un quiosco en Madrid para dar una oportunidad laboral a personas en situación de vulnerabilidad

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Madrid - Publicado el - Actualizado
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En el barrio de Arganzuela de Madrid, en la calle Acacias número 37, dos matrimonios jóvenes han invertido todos sus ahorros para comprar un quiosco. Su iniciativa va a contracorriente del cierre masivo de estos negocios en España, pero su objetivo no es económico, sino social: dar una oportunidad laboral a una persona en situación de vulnerabilidad.
El elegido para regentar el negocio ha sido Abdul, un joven de origen marroquí cuya historia ha conmovido al barrio. Los vecinos están encantados con la reapertura, como él mismo relata: "están muy alegres de que hemos vuelto a abrir". En el quiosco se venden periódicos, revistas, café, cromos y juguetes para niños, recuperando a la clientela que ya existía.
De la calle a la esperanza del quiosco
La vida de Abdul no ha sido fácil. Llegó a España siendo menor de edad y, tras pasar por varios centros de menores, al cumplir los 18 años se vio en la calle. "Te mandan directo a la calle", recuerda sobre aquel momento. Pasó por la campaña del frío y albergues como El Vivero en Vallecas, una etapa muy dura que ha quedado atrás gracias a esta oportunidad.

Fue a través de una asociación donde conoció a Javier, uno de los impulsores del proyecto. Tras regularizar sus papeles, le ofrecieron el puesto. La elección fue un acierto, según Javier: "Abdul es superamable, muy bueno con la gente, y ha encajado muy bien con el barrio, le quieren muchísimo". El antiguo propietario le enseñó el oficio durante un mes para facilitar la transición.
Un proyecto que 'construye barrio'
Los cuatro jóvenes detrás de la iniciativa llevaban años acompañando a personas sin hogar y vieron la necesidad de ofrecerles "oportunidades". Para ellos, el quiosco es "una manera de seguir construyendo barrio o comunidad", un negocio que no requiere una formación compleja. Aunque no esperaban grandes beneficios, aseguran estar "muy sorprendidos" porque los números han ido bien.
Abdul está "muy encantado" con su nuevo trabajo. Prefiere un negocio "a cara al público" y lo afronta con ilusión: "Vengo con ganas de trabajar". Su gratitud se transforma en una promesa de futuro, un deseo de poder devolver la ayuda recibida: "Si puedo más adelante hacer otra cosa, puedo ayudar a otros chavales también".
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



