Ucrania nos concierne
Escucha la Firma de José Luis Restán del jueves 12 de febrero

Escucha la Firma de José Luis Restán del jueves 12 de febrero
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El arzobispo Sviatoslav Shevchuk, cabeza de la Iglesia greco-católica de Ucrania, ha contado que, en el invierno más crudo en diez años, grandes edificios residenciales de Kiev, cada uno con más de tres mil familias, se han quedado sin agua, sin electricidad y sin lo esencial para vivir debido a los sistemáticos bombardeos rusos. Sin embargo, en uno de los barrios castigados por los bombardeos no lloraron de desesperación, sino que cantaron y bailaron. La imagen de gente congelándose, pero cantando y bailando al son de la música ya es histórica y ha asombrado al mundo entero. El arzobispo Sevchuck ha dicho que “esta alegría de quienes se enfrentan a la muerte cada noche no proviene del hombre, sino que es un don del Espíritu Santo, y cualquiera con un mínimo sentido cristiano comprende que estas personas son los hermanos y hermanas más pequeños de Cristo”. No debemos olvidar lo que está sucediendo en la frontera oriental de nuestra Europa, y tampoco debemos ignorar el testimonio de una fe lúcida que muchos ucranianos nos ofrecen estos días.
En su columna semanal en un periódico vienés, el cardenal Christoph Schönborn ha denunciado la “guerra de aniquilación” lanzada por Putin contra el pueblo de Ucrania y se ha preguntado cuánto tiempo más tiene que pasar después de cuatro años de que comenzara la injusta invasión que ha dado lugar a esta guerra cruel. Y ha evocado la época del Holodomor bajo el régimen de Stalin, cuando una hambruna provocada artificialmente por los soviéticos causó la muerte de millones de personas. Por eso, ha dicho, nuestra ayuda es ahora más urgente que nunca. Naturalmente, se refería a Austria, un país muy cercano geográficamente a estos dramáticos acontecimientos. Pero yo pienso que nosotros, en el otro extremo del continente, también deberíamos sentirnos concernidos: para rezar, para ayudar, para aprender a vivir mejor.



