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La foto: "Nos parecemos a lo que miramos más que a lo que hacemos"

Fernando de Haro elige una foto de El Mundo para cerrar el programa de hoy

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Fernando de Haro

'La Tarde'

Madrid

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 19:11

La foto que me ha llamado la atención la pública hoy el Mundo. Es la imagen de una grande mano silueteada, una mano de mármol de una de las estatuas colosales que se le hizo al emperador señor Constantino. La mano sale de la piedra precisa, con unos dedos elegantes, con las uñas en perfecta manicura. El meñique, el anular y el medio están plegados sobre la palma en una postura serena, sin hacer fuerza, sin formar un puño cerrado. Esos tres dedos y el dedo gordo dan soporte al anular, que está alzado, señalando. Las manos son nuestro retrato, las manos que plantan, que escriben, que cavan, que cosen, son siempre un retrato, pero especialmente son el retrato del hombre moderno. A nosotros hombres modernos, los retratos del rostro nos parecen demasiado pasivos, demasiados tributarios de la herencia genética de padre y madre. Nos parece que la cara no nos retrata porque no la dieron al nacer. Y como el rostro es algo dado no puede representarnos. Lo que hemos recibido no puede explicar nuestra propia singularidad, pensamos. Nos representan más nuestras manos porque son nuestras manos las que tuercen y las que enderezan, las que excavan, las que unen, las que aman, las que limpian, las que saludan y las que despiden, las que golpean, las que cortan, las que con elegancia cortan el pan o empuñan el tenedor, las que teclean. Decididamente los manos son lo que más se parecen a nosotros porque, nos decimos, con una satisfacción un poco tonta o con una tristeza invencible, nosotros somos lo que son capaces de hacer nuestras manos. La foto de la mano, con el dedo anular extendido solo hace una cosa: el dedo señala. El dedo no puede señalar algo que hace la mano, el dedo señala algo que hacen otros, algo que está sucediendo, algo que quien señala está mirando. Seguramente ese es nuestro mejor retrato, lo que señalamos, lo que miramos. Decididamente nos parecemos a lo que miramos más que a lo que hacemos. 

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