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La foto: "Hablan los paisanos de sus cosas, y en torno a esa conversación gira el mundo"

Fernando de Haro elige una foto de El País para cerrar el programa

Fernando de Haro

'La Tarde'

Madrid

Tiempo de lectura: 2Actualizado19:10

La foto que me ha llamado la atención hoy la publica el diario El País. La instantanea retrata una escena rural, en un pueblo en el centro de Mali, pero al fin y al cabo un pueblo. La aldea tiene casas de adobe, quizás sea tapial porque el barro esté sin cocer. Son casas que son como cubos, de una belleza esencial. Y entre el barro que hace ciudad, crece un verde fértil, apasionado, el verde que solo hay en África. Junto a una de las torrecitas hay un carro y aperos de campo pobres, una raiz que quizás sirva de arado. Delante de las construcciones tres paisanos charlan. Son paisanos dogones, gente con baila con máscaras, que no quisieron convertirse al islam y que hablan una extraña lengua. Hablan los tres paisanos bajo un sol de justicia, bajo una luz clara. Viste uno una túnica verde botella y gasta un gorrito que parece de arlequín. Carga a la espalda con una ristra de maderas que parecen duelas para un barril, pero que no seran. Debe venderlas. Debe ser un comerciante. El paisano que está de frente gasta una túnica de cuadraditos y barba y parece sacar algo de una cartera. La tercera bien podría ser una paisana porque lleva falda y un turbante anudado con paños de colores. En el suelo parece haber posado un lebrillo de latrón que igual trae del campo unas raizucas o unos melones para la merienda. Y hablan los tres paisanos de sus cosas. De los que se le ha venido a la cabeza esta mañana cuando han visto al sol desperezarse, de la alegría de un nieto que estar por ser alumbrado, que hay que ver lo bonito que es algo que empieza, y más si es una vida, de lo injusto que es el señor del pueblo que no ha nacido uno para que le tengan de menos y este de ahora abusa de su poder, del próximo baile de máscaras y hablan los paisanos de sus cosas, y en torno a esa conversación gira el mundo, que las fuerzas del gran mundo son las mismas que mueven el pueblo de las casas de tapial, y no sabe uno nada de esa lengua vieja que es el dogón pero sabe uno que si estuviera allí entre los tres paisanos lo entendería todo porque uno es como ellos, paisano que sufre con la injusticia para la que no ha nacido, ciudadano de lo nuevo y de lo bonito siempre buscado.