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Foto del día: "Una de las chicas tiene las manos cruzadas sobre las muñecas, las palmas hacia abajo"

 Son unas manos que parecen decir no. No, porque eso que le están contado ya lo escuchó en otro tiempo y no quiere volver a ilusionarse 

Tiempo de lectura: 2Actualizado19:14

La foto que me ha llamado la atención la publica el diario ABC. Los que nos han escuchado alguna tarde saben que en esta sección tenemos debilidad por el retrato de manos. Y esta imagen es precisamente eso. Un grupo de personas está reunido sin mesa ni escritorio por medio. Están inclinadas hacia delante, no se les ve el rostro pero si se les ven las manos. El que debe ser el director del grupo está explicando algo, tiene las palmas abiertas hacia arriba, enumera con la diestra y ratifica sus afirmaciones con la izquierda. No hay una sola reacción semejante entre los que le acompañan. Una de las chicas que le escucha se acaricia la palma derecha abierta.. Son manos confiadas de alguien que acoge con interés lo que escucha, lo compara con lo que ha vivido y con lo que sabe. La chica de al lado, sin embargo, tiene las manos cruzadas sobre las muñecas, las palmas hacia abajo. No puede haber signo más rotundo de veto. Son unas manos que parecen decir: no, no y no. No porque esto que me están contado ya lo escuché en otro tiempo, y me ilusioné con estas palabras o unas semejantes. Y puse todo el empeño pero yo no puedo, eso es para otros, estas palabras bonitas no las quiero volver a escuchar, no quiero volver a ilusionarme. No quiero volver a empezar con la enésima ilusión, con el enésimo proyecto. Enfrente de la chica o con las manos cruzadas hay un chico que las tiene la una cerrada con la otra, palma con palma. Este no es escéptico, no rechaza lo que escuche. Estas son manos complacientes, del que no se entusiasma pero tampoco rechaza lo que escucha. Son las manos de la costumbre, siempre relajadas, nunca sorprendidas y nunca creativas, manos conformadas. Y todavía hay un cuarto par de manos, con dos dedos entrelazados, con las palmas abiertas, con los pulgares extendidos, tensos, que todo es entusiasmo, receptividad, que la dueña de esas manos se siente rejuvenecer con las palabras que escuchan, que su belleza es más potente que los errores cometidos, que en la extensión de los dedos hay esa inconfundible esperanza en el futuro que da un buen presente. Y lo más curioso es que posible que antes de los miembros del grupo se sentaran, en la foto anterior, cuando se podía ver sus rostros, antes de que empezara la conversación, hubiéramos podido adivina la postura de las manos. Porque uno siempre decide antes de decidir. 

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