
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La foto que me ha llamado la atención la publica hoy el diario El País. Es un retrato de Sergio Mantecón de una serie de imágenes tomadas en casa. Un retrato en blanco y negro. De fondo un ventanal grande con tres persianas. Y detrás de los cristales los gorriones, las palomas, las arrogantes Urracas dando saltos en las ramas de los chopos, y los chopos estrenando sus yemas de primavera y la vida en silencio, ¡que impresión el instante del árbol, de la hoja, de los pájaros que no tienen más que su voz y su alegría y la derrochan¡¡. El instante del árbol, de la hoja, del gorrión que mirarlos sana y que de dónde, Dios mío, ¿de dónde vienen?, ¿de dónde el que estén, de dónde el que broten? Y dentro de la casa un estar grande, con uno de esos sofás enormes de antes en los que te perdías, y junto a uno de los brazos del tresillo una niñica rubia duerme, rendida, entregada, confiada. Niña blanca vestida de bailarina, a la que se le cae la mano. Después de tantas sombras, de tantos miedos, de las noches insomnes, después de los hospitales de las soledades, la niña rubia que duerme confiada, sueño plácido, sueño de luz con los pelos revueltos. ¿De dónde, Dios mío, de donde viene esa carita de porcelana y esa piel del paraíso, de dónde ese cuerpecito? ¿Y de dónde, Dios Mío, de donde esa confianza, ese atrevida, insolente paz, ese sueño sin sobresalto alguno? La última palabra que ha dicho la niña al caer rendida es papá, la primera palabra que dirá, cuando despierte, a gritos, con susurros, con gemidos, con risas será papá. ¿De dónde, de quién?



