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Foto del dia: "Coser la vida quizás sea el oficio más noble que exista"

Porque hay mucha entretela rasgada, mucho paño dividido, mucha franela partida, mucha batista arrastrada y rota, mucho algodón, mucho lino descompuesto...

Tiempo de lectura: 2 Actualizado19:14

La foto que me ha llamado la atención hoy la publica el diario La Razón. En una esquina de la imagen aparece un hombre maduro de pelo blanco que trabaja sobre una mesa. Al fondo un maniquí desnudo. El protagonista de la foto es un diseñador de moda famoso, no se si aceptaría que le llamaramos sastre. El sastre tiene caladas las gafas de ver en la punta de la nariz, que son muchos años trabajando con la aguja y el hilo y la vista se ha cansado dando puntadas. Le cuelga del cuello una cinta métrica, que la precisión es importante, que en la medida está el primor. El sastre está absorto, concentrado. Trabaja de pie sobre un trozo de tela, quizás un raso, unas ondas de luz muy suaves al tacto. El sastre acaba de dar una puntada larga, tira de un hilo y mira fijamente la juntura en la que el raso se une. El sastre cose desde hace años. El sastre ha aquilatado su paciencia en miles de puntadas. Coser el raso, coser la vida, quizás sea el más noble oficio que exista. Porque hay mucha entretela rasgada, mucho paño dividido, mucha franela partida, mucha batista arrastrada y rota, mucho algodón, mucho lino descompuesto, no digamos nada de este tul delicado, dónde se quedó. Cosemos poco nosotros, zurcir nos parece antiguo, lo moderno es tirar lo que se ha roto y tirándolo la herida se queda dentro. Remendamos poco nosotros, recomponemos poco, recosemos poco. Para coser y recoser como hace el sastre de la foto hace falta ponerse las gafas de ver, y mirar y ver que es mejor lo que esta unido que lo que está separado, hace falta dar una puntada detrás de otra, hace falta darse tiempo, que no se recosen las cosas en un día, y para zurcir, para remendar, hace falta coraje. El sastre de la foto, en su silencio concentrado, en su mirada fija, en su primor, tiene el coraje de la paciencia, el coraje de un deseo que se convierte en tenacidad, una tenacidad que pone en fila las puntadas una detrás de otra, el coraje y la tenacidad de quien vuelve a empezar una y otra vez, de quien cose y recose tantas veces como haga falta, como si la entretela, como si la franela fueras nuevas