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'LA MAÑANA FIN DE SEMANA'

Fernando de Haro: 11 M: todos fuimos víctimas

 

Tiempo de lectura: 3 Actualizado09:26

Hoy es 11 M. Y el 11 M en España, desde hace 14 años, es un día para la memoria, para el recuerdo, para que los que sepan rezar recen por las víctimas del más brutal atentado que hemos sufrido en nuestro país. No sería justo olvidar a nuestros muertos, por mucho cansancio que nos provoque recordar la división política y la polarización que produjeron aquellos atentados. Olvidar a aquellos 193 muertos supondría ser derrotados por el terrorismo, un terrorismo que además de sembrar la destrucción, sembró la división entre los españoles. No es un abuso de la memoria recordar hoy a nuestras víctimas, recordar a aquellas 193 personas que cogieron los trenes para ir a trabajar y fueron vilmente asesinadas, recordar a los heridos que durante meses y años sufrieron las secuelas.

La memoria en torno a las victimas del 11 M es una ocasión para reconocernos unidos 

La memoria no es una obligación pesada que nos ancla al pasado. La memoria es, si se hace un buen ejercicio de ella, una ocasión para reconocernos unidos en algo que es evidente para todos: que la dignidad de la vida de cada persona es sagrada, inviolable, que no hay ni habrá motivo alguno para aceptar la violencia que sega vidas. La memoria en torno a las victimas del 11 M es una ocasión para reconocernos unidos en aquello que sigue siendo evidente en un mundo como este en el que cada vez hay menos cosas evidentes. Los muertos no pueden ser olvidados, nosotros no podemos mirar para otro lado. Necesitamos afirmar lo que nos une. Y esta es una buena ocasión.

Olvidar a aquellos 193 muertos supondría ser derrotados por el terrorismo

Han pasado ya 14 años y el tiempo puede ayudarnos a reconocer que todos fuimos víctimas de los atentados. Porque todos, de un modo u otro, nos dejamos dominar por la onda expansiva de las bombas. Porque todos, de un modo u otro, en lugar de afirmar lo que nos unía buscamos versiones e interpretaciones que nos separaban de los demás. Dominaron los prejuicios de muy variado signo, se dejaron del lado los hechos. Unos prefirieron seguir pensando, más allá de lo razonable, que los atentados eran cosa de ETA. Encajaba mejor en cierto esquema. Otros por el contrario sostuvieron, también contra los indicios disponibles, que los atentados del 11 de marzo fueron consecuencia de la foto de las Azores, de la participación de España en la Guerra de Iraq. Ni una ni otra cosa eran ciertas.

Alguien ha asegurado, y no le falta razón que la nación española se refunda con la transición y con las grandes manifestaciones que se producen tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997, cuando las calles se llenan de manifestantes espontáneos que con sus manos en blanco rechazan lo que ha hecho ETA. Esa nación, redundada en reacción ante el terrorismo de ETA, se quiebra con los atentados del 11M. Se produce una transferencia de culpa hacia el Gobierno. La utilización política del terror y la respuesta a esa instrumentalización multiplican casi hasta el infinito una cadena de reproches que ha envenenado durante demasiados años la vida nacional. Se enconan las posiciones, se alimentan teorías de la conspiración. Y se produce un gran daño: las bombas de los terroristas causan el mayor mal: el de considerar al otro como un enemigo.

Las investigaciones más serias han puesto de manifiesto que los atentados del 11 M fueron atentados yihadistas pero que no tuvieron nada que ver con la participación en esa guerra de Iraq que tanto daño ha hecho en Oriente Próximo. España estaba entonces bajo la amenaza del yihadismo de Al Qaeda. En 2003 se detuvieron en España 40 yihadistas. Pero no eramos conscientes de la amenaza. Todo indica que el cerebro intelectual de los atentados fue Amer Azizi, un marroquí, que estuvo durante algunos años en España, que formó parte del equipo de dirección de Al Qaeda y, que tras la Operación Datil, iniciada en el año 2001, decidió vengarse de España. La operación Datil fue una operación que desmanteló una cédula de Al Queda que se había instalado en nuestro país. Desde hace 14 años el yihadismo ha cambiado mucho, ya no es una amenaza de gente que viene de fuera, sino una amenaza interna, la expresión más destructora de ese nihilismo que invade todos los rincones.

14 años después, descansen en paz nuestros muertos. Su memoria nos invita a nosotros, a los vivos, a buscar lo que nos une.

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