En 'La Linterna'

'El bueno, el feo y el malo' de Jorge Bustos

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Tiempo de lectura: 3' Actualizado 22:30

Semana de calor, no solo meteorológico. Para el calor convencional tenemos el aire acondicionado, que ya empieza a causar estragos en forma de sinusitis y constipados a destiempo. Y para el calor político tenemos la división en la izquierda entre los dos gallos alfa que se disputan el mismo electorado antiPP. El único que no siente ni frío ni calor es el propio don Mariano, que no cambia el gesto así hable con Puigdemont o con Donald Trump. Pero no es don Mariano el bueno de la semana (quizá se lo demos cuando impida otro referéndum de palo en Cataluña) sino uno de sus ministros: en concreto el de Interior.

El bueno: Juan Ignacio Zoido

Está sabiendo transmitir a nuestro juicio la principal sensación por la que le pagamos: la seguridad nacional. En una semana marcada por la masacre de Manchester, el ministro Zoido ha reunido a la comisión de seguimiento de la amenaza terrorista, integrada por la Policía, la Guardia Civil, el CNI, los servicios de inteligencia militares, los Mossos y la Ertzaintza. El veredicto tras la reunión es que España debía mantener la alerta en el nivel 4, y no subirla al 5, lo que conllevaría la militarización de las calles. En tiempos de terror no es fácil conservar la frialdad operativa, pero alabamos el criterio del ministro para mantener una intensa vigilancia evitando al tiempo que cunda la alarma sin necesidad.

Nadie está a salvo de los asesinos con coartada coránica, pero incluso nuestros aliados miran hacia España para ponerla como ejemplo en la lucha contra el terrorismo. La barbarie etarra creó un anticuerpo policial bien entrenado y experimentado que ahora se aplica a la desarticulación de individuos o células yihadistas con eficacia ejemplar. Apenas unas horas después del atentado en suelo inglés, la Policía detenía en Madrid a dos marroquíes en avanzado estado de radicalización, dispuestos a matar y a matarse. Este sheriff detesta el buenismo inconsciente que pone el grito en el cielo por el endurecimiento de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, cuando es ese marco jurídico el que permite precisamente las detenciones antes de que sea demasiado tarde. Así que damos la enhorabuena a Interior y a los agentes insomnes que llevan años evitando que aquí demos la peor de las noticias.

El feo: Concepción Espejel

La fea en este caso, Juan Pablo. Y no es otra que la magistrada Concepción Espejel, Concha para los amigos, en concreto los amigos del PP. No quiero yo restarle méritos jurídicos a doña Concepción, pero en la competición por el decisivo puesto de presidenta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Espejel reunía menos experiencia y crédito que su rival Manuela Fernández Prado, que lleva 25 años en la Audiencia llevando casos muy relevantes de la lucha contra ETA, entre otros. Espejel ha sido recusada en el caso Gürtel por afinidad al PP, por lo que tendrá que inhibirse cuando corresponda, y tampoco ayuda mucho a su credibilidad su manifiesta amistad con María Dolores de Cospedal, por ejemplo. No por la ministra, que es una bellísima persona y puede ser amiga de quien quiera, faltaría más, sino porque para presidir la Sala de lo Penal de la Audiencia no basta ser independiente sino parecerlo.

Yo creo en la independencia de los jueces, pero también en los intentos de los políticos por maniatarlos. Que los jueces sigan dividiéndose entre conservadores, progresistas y nacionalistas es una vergüenza nacional, pero es que quizá no les dejen promocionar si no se organizan de ese modo. Espejel ha salido por 11 votos de 21: no se puede decir que sea un resultado muy consensuado, de modo que su ejecutoria arranca lastrada por la sospecha de parcialidad. Veremos si en el ejercicio consigue sacudírsela.

El malo: Sandro Rosell

No queremos hablar de fútbol, que no es nuestro negociado, pero no es deporte sino corrupción el caso que ha llevado a Sandro Rosell a la cárcel sin fianza. En una semana marcada por los escándalos de fraude que afectan a Messi –ya condenado en firme por el Supremo- y a Cristiano –cuyo presunto delito aún está por determinarse-, el ex presidente del Barça tiene mayor culpa por sus mayores conocimientos financieros. No digo que los jugadores no la tengan, pero tras Núñez empieza a convertirse en una triste tradición catalana (como los castellets o el pan tumaca) esto de ver a presidentes culés en el trullo.

El auto es contundente, y revela una personalidad entre avariciosa y soberbia, convencida de su propia brillantez, que le situaba por encima de la ley y de los afanes de los mortales. Él fichaba –comisión mediante y blanqueo por delante- a astros del balón como Ronaldinho, pero su cartera jugaba en otra liga mucho más opaca. En la cárcel tendrá tiempo para meditar sobre la fugacidad de la fortuna y para consolarse repitiéndose a sí mismo que un día fue un presidente muy votado del Barça. Lástima que los votos no laven los delitos. Ahora ya solo es otro delincuente de cuello blanco. O mejor, azulgrana.

Un disparo en la recámara

Me queda la bala de Ábalos, si me permites la aliteración. El nuevo hombre fuerte de Ferraz empieza a ser más temido que Marta Ferrusola en un convento, y lo será aún más según se vaya acercando el congreso que proclamará la nueva ejecutiva. Preparémonos para una nueva purga, de esas que tanto nos divierten".

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