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Expósito: "Ni los podemitas más rancios de España aguantarían un minuto viviendo como un ruso bajo Putin"

El director de 'La Linterna' analiza desde Kiev las diferencias en el seno de Gobierno por la crisis entre Ucrania y Rusia

Ángel Expósito

Ángel Expósito

Director de 'La Linterna'

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 20:07

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Estamos en plena plaza Maidan, el centro de Kiev. Capital de Ucrania y hoy por hoy, capital informativa del mundo. Estamos a siete bajo cero, con una sensación térmica de menos trece. El silencio en esta plaza para la Historia, la plaza de la Revolución Naranja, la plaza de la Revolución de la dignidad. El silencio es tanto social como individual. La ciudad se calla pero la gente también.

La desconfianza es otra de las herencias del comunismo. La Unión Soviética ya no existe pero su herencia y su mentalidad sí. El complejísmimo panorama mundial hace imposible analizar cualquier crisis en el mundo actual desde el punto de vista ideológico o económico. Todo es mucho más difuso y enrevesado. Eso sí, si tuviéramos que establecer una clave de bóveda, esta sería la libertad. Ucrania, como antes de ayer Polonia, los Bálticos, Rumanía o Bulgaria, miran hacia Europa y hacia la OTAN como signos de libertad y tienen razón. Libertad económica, democracia, libertad individual, estado de derecho frente ala bota de Rusia o China. El pulso no es por el gas o no lo es solo por el gas, sino porque los ucranianos, como los antiguos miembros del pacto de Varsovia o como los alemanes de aquella república democrática quieren derribar su muro y unirse al club de Bruselas, Madrid, Roma París o Berlín.

En nuestro lado, no saltó ni salta nadie, ni los podemitas o comunistas aguantarían ni un minuto. Lo mismo les ocurre a quienes emigran del sur al norte. Buscan libertad. ¿Qué pasa? Que Putin conoce perfectamente esas debilidades, las fragilidades económicas y de suministros energéticos, por supuesto, y los déficits políticos de nuestra Europa también.

Angela Merkel ya no está y el nuevo Gobierno será más tibio para con Rusia. Macron se erige como líder de la Unión Europea pero bastante tiene con lo suyo en una Francia que está siempre al límite de ultras y la Europa del este vive con miedo al antiguo pacto de Varsovia y con unos ultras dentro que se dan la mano entre comunistas y nazis.

Y queda el resto del mundo. Estados Unidos con un presidente, Biden, al que Putin considera un señor jubilado. China, como aliado momentáneo de Rusia, el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y Turquía, en el perejil de todas las salsas. Turquía, musulmana, miembro de la OTAN, que vende armas a Ucrania y con Erdogan y Putin dándose picos pero también a leches en Siria. Y nos quedan los bolivarianos, los nuestros.

Me cuentan los que saben que en absoluto puede considerarse una bravata la amenaza de Putin cuando dice de implantarse más en Cuba y Venezuela. Lo que nos faltaba.

En clave interna española, con Podemos y los socios de Sánchez. Claro, miro desde aquí, pelado de frío hacia España, y se me cae el alma a los pies. Lo que está ocurriendo en el seno de Gobierno entre Sánchez y Podemos por el conflicto de Ucrania y Rusia, es patético. La situación y el ridículo de Sánchez en materias como educación, consumo y ahora defensa y asuntos exteriores es lamentable. Y aún Podemos hipoteca y condiciona a política informativa sobre el conflicto. No pueden hablar los militares, ni los diplomáticos. Todo para que Pablo Iglesias y sus súbditas no se pongan a escupir por esa boquita. Todo cogido para que Ione Belarra, Irene Montero, Garzón y Yolanda Díaz no se enfade.

El problema de fondo es que Podemos, ERC y Bildu van con Putin. Y Sánchez lo sabe pero le da lo mismo. En otro ejercicio de cinismo más, otra circunstancia para engañar a los socios, a la OTAN y a quien se ponga por delante. Luego vendrá la cumbre de la OTAN, Sánchez aparecerá como el salvador del mundo. Entre medias, nos clavará fotitos ridículas como la de este fin de semana, haciéndose el interesante mientras finge que habla por teléfono con cara de póker.

La mitad del Gobierno de España va con Putin. No es por ideología, que también, es contra la Unión Europea.

Ah, y mi posdata. La gente emigra porque quiere comer en paz. La gente huye del miedo porque odia la guerra. Ucrania quiere ser europea porque quieren ser libres. en nuestro lado, hacia el otro lado del muro, no saltó ni salta nadie. Ni los podemitas ni los comunistas más rancios de España aguantarían un minuto viviendo como un ruso en la URS o bajo Putin. Ninguno de estos acomplejados soportaría una semana como un cubano en Cuba o como una venezolana en Venezuela.

Desde Kiev, capital de Ucrania, con más de 100.000 soldados rusos en la frontera norte, te cuento que la clave es la libertad. No sabemos la suerte que tenemos.

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