

Ángel Expósito: "¿No hay nadie en el PSOE que levante la voz en contra de este ataque a las Humanidades?"
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Digamos que vivimos en la peor coyuntura mundial con este Gobierno en España. La tasa de inflación sigue su senda de descontrol y se encuentra ya a puntito del 10 por ciento. Los precios han subido en marzo hasta niveles no vistos desde mayo de 1985. El Índice de Precios de Consumo ha subido por la guerra en Ucrania y se ha disparado hasta el 9,8%, su tasa más alta en los últimos 37 años.
Si, por la guerra, pero antes de la locura de Putin ya estábamos dos o tres puntos por encima de la media europea. Que no nos la cuelen, al menos, completamente. Nosotros estamos en el 9.8 por ciento y Alemania en el 7.3, dos puntos y medio menos a pesar de la dependencia que sufre Alemania del gas ruso.
Recupero un corte de mi colega Pilar García de la Granja. Qué te voy a contar que tu no sepas. Hoy me he parado ante una gasolinera de Tres Cantos. El diésel y la gasolina normal más de 1,8 euros/litro. El diésel y la gasolina 98 casi 2 euros/litro. Sencillamente, acojonante.
Si les restas los 20 centimos se nos queda en 1,60 en el mejor de los casos cuando hace un año, sólo hace un año, estábamos a 1,10. Insisto, siendo benévolo, medio euro más en solo un año.
En concluyendo: La peor crisis económica y energética que recordemos con el peor Gobierno que podríamos soñar en la peor de nuestras pesadillas.
¿Qué pasa? Pues que junto a los datos del día, y del minuto a minuto si me apuras, entre el porcentaje concreto de inflación y la deriva de la locura absoluta de la guerra en Ucrania las cuestiones de fondo siguen su curso. Para mal o para peor. La famosa agenda 2030 es un ejemplo de ello. Una cosa, una agenda, que casi nadie sabe lo que es pero que quien la diseñó sigue a su Tran Tran. Lo último, la educación. En concreto, el currículum de la ESO, es decir, los contenidos que han de estudiar -o no porque pasan de curso igualmente- los alumnos de entre 12 y 16 años en España.
Me voy a fijar en tres aspectos: Los maestros, las Humanidades y el adoctrinamiento que es la base de todo. Mi amiga Begoña Ladrón de Guevara me escribe un mensaje muy clarito: "Lo que habría que conseguir es prestigiar al cuerpo de profesores comprometidos y que se preocupan por cada alumno y que consiguen que todos y cada uno sepan lo que tienen que saber".
¿Alguien ha pensado en los maestros? ¿No hay nadie en el Gobierno que se pare un minuto en el papel del profesor? Las Humanidades. Filosofía, lengua y, no te digo, Historia. Con sinceridad, ¿no hay nadie en el PSOE que diga en voz alta que esto es un suicidio colectivo? ¿o no será que eso es exactamente lo que se pretende?
¿De verdad García Page en Castilla La Mancha, Lambán en Aragón o Fernández Vara en Extremadura, están de acuerdo con esto? ¿Se lo van a tragar sin problemas? Y no te lo pierdas, la madre del bodrio este, Isabel Celáa, embajadora de España ante el Vaticano, te lo juro. Y casi termino con el adoctrinamiento. Es más fácil, muuuucho más fácil adoctrinar a un alumno que formarle en el espíritu crítico. Escucha a mi admirado José Antonio Marina. La última vez wte estuvo en esta Linterna nos dejó esta perla. Lo dicho: El desprecio de la importancia vital del maestro y la facilidad política para adoctrinar. Vamos de cabeza al precipicio.
¡Ah! Y mi posdata. Ya puestos, ¿alguien ha pensado en reducir el gasto público? ¿No hay nadie en el entorno de la Moncloa que se atreva a decirle a Pedro Sánchez, aunque le despidan, que los ministerios de Garzón, Ione Belarra, un independentista catalán en Universidades son un disparate? ¿Nadie puede sugerirle nadie a Su Sanchidad que lo del Falcon y los helicópteros es un disparate, aunque sea como mero gesto? Ya sabemos que su fuerte no es, precisamente, la empatía. Pero no podría disimular y recortar un poco sus abusos y dispendios aunque fuera por el gesto?



