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Herrera a las 8, miércoles 22 de abril de 2020

Salvador Illa cambia la medida inicial, que solo autorizaba a los menores a hacer recados con un adulto, tras el aluvión de críticas

Tiempo de lectura: 5Actualizado 09:10

Señoras, señores, me alegro, ¡buenos días!

Entre los 430 seres humanos que ayer perdieron la vida está la del periodista José María Calleja, de quien hoy se resaltan varias virtudes. Había sido uno de los pioneros en la resistencia y en la lucha contra ETA. Yo añadiría algo más, también en la resistencia contra el nacionalismo y contra el feroz pesimismo acerca de la historia española que algunas generaciones de españoles lucen impunemente. He compartido muchas aventuras con José Mari, muchas: viajes, historias, programas... Y echaré en falta desde lo más hondo de mi corazón a su persona. Un abrazo a toda su familia.

Bueno, damas y caballeros, es miércoles, es 22 de abril del 2020. ¿Hoy qué quieren que les diga? Miren, en España pasan muchas cosas: errores del Gobierno, escándalos sin aclarar, problemas económicos, memes por teléfono, videoconferencias, pero lo más brutal, lo más importante que está pasando en España es lo que no vemos encerrados como estamos en casa. Decenas y decenas de personas siguen muriendo por una enfermedad cruel, devastadora.

Ayer nuevos contagios y también nuevas altas felizmente. Y entre las buenas noticias que Reino Unido anunció que esta misma semana empieza a probar en humanos una vacuna, así que crucemos los dedos porque no podemos pensar en un horizonte de actividad normalizada ni en recuperación económica sólida sin que antes tengamos una vacuna.
Y lo de los niños, bueno, pues lo de los niños la verdad es que debo decir, como le vengo diciendo durante toda esta mañana, que se suponía, es decir, este Gobierno no es bueno en lo de gobernar, sí es bueno en lo de comunicar, en esa cosa del relato, los marcos mentales, el marketing...

Bueno, pues o se le han fundido por completo los fusibles o el vodevil de ayer no tiene ninguna explicación. Ya saben ustedes lo que ha pasado. Salió Sánchez en Aló presidente y anunció que los niños iban a poder aliviar el confinamiento.

Ayer después de cuatro días de disquisiciones, el Gobierno dijo que al aire libre al que se había referido el presidente el sábado era exclusivamente que podían respirar en el trayecto desde su casa al super, a la farmacia o al estanco. Nada más. ¿Entre cuatro vicepresidentes, 18 ministros no pensaron ni un momento en la respuestas que esas limitaciones iban a tener entre las familias españolas que llevamos cinco semanas confinados con adultos, con niños pequeños o con el perro, con lo que sea? Y eso lo puede entender todo el mundo.
Un padre de una mano lleva al niño y con la otra lleva el móvil, las cuentas, la cesta del supermercado, la bolsa de la compra. Vamos, ¿a quién se le ocurre?

La escandalera fue de tal calibre que el ministro de Sanidad compareció a última hora y rectificó porque si no habría riesgo de que hoy el Congreso no convalidara la prórroga del estado de alarma. Y si por si faltaba poco, entré estelarmente en función Pablo Iglesias diciendo que, hombre, había sido él el que había arreglado el desaguisado. El que le iba a quitar el sueño a Sánchez, ¿se acuerdan?, empezó a soltar tweets y se apunto el tanto de la rectificación. No es un gran mérito porque todo el arco parlamentario estaba criticando la decisión que se había tomado, pero bueno, ahora tendremos que esperar al próximo sábado a que el ministro aclare la medida porque ayer lo más preciso que llegó a decir es que los paseos son paseos. Otra cosa dijo para justificarse es que este Gobierno escucha.

Bueno, pues por la mañana se ve que escuchó a los expertos, que no se sabe dónde están, quiénes son, y por la tarde a las redes sociales. Y algo tienen que estar, miren, me lo malicio, algo tienen que estar detectando los analistas demoscópicos de Moncloa cuando anteayer Sánchez se avino a las peticiones de Casado para intentar un pacto, cuando no le importó rectificar en cinco horas a su ministra portavoz. Ni son normales los nervios permanentes ni los errores del Gobierno.

Si la primera medida la ha tenido que rectificar en cuatro horas, bueno, ¿qué nos espera para el resto del proceso? ¿En qué manos estamos? ¿Cómo vamos a confiar en que saben lo que hacen? ¿Ustedes se acuerdan de lo que dijo Sánchez cuando la crisis del ébola? Yo se lo voy a recordar: desamparo, desvergüenza, descoordinación, desinformación, desgobierno. ¿Qué se diria él de sí mismo si aplicara esa misma norma?

Bueno, y con estos escándalos lo malo es que el Gobierno acaba tapando cosas que hacen razonablemente bien. Ayer el Consejo de Ministros aprobó un paquete de hasta 30 medidas de carácter económico, aliviar la tributación, establecer moratoria en el alquiler de locales para pymes y autónomos, prorrogar dos meses el carácter preferente del teletrabajo, ampliar los ERTEs y establecer un IVA reducido para libros electrónicos y prensa digital, que ya sé yo quién se va a forrar con esto. El Gobierno tiene que estar ahora a la diligencia, a la capacidad de gestión para hacer que estas ayudas se hagan realidad.

Hoy ABC explica con detalle que el colapso administrativo está provocando grandes retrasos en la percepción de ayudas aprobadas hace semanas. Gran parte de los ERTEs, gran parte de las ayudas a empleadas o empleados de hogar o para alquileres, todo eso está tardando, y tardando mucho.

Ayer también fijó el precio máximo de las mascarillas en 0,96, que es una medida bienintencionada, pero habrá que ver la efectividad porque los farmacéuticos dicen que fijar un precio por debajo del coste puede suponer un riesgo de abastecimiento. Ya veremos. Y que el estudio sobre la incidencia de la enfermedad no comenzará hasta la semana que viene, con lo cual, qué quieren que les diga. El episodio que tenemos por delante, soy incapaz de preverlo porque somos incapaces de saber si el Gobierno tiene un plan. La están peinando a lo mejor pero los paíes de nuestro entorno tienen un plan de desconfinamiento. ¿Lo tiene h el Gobierno de España?

Ayer también habló el general de la Guardia Civil, Santiago, que garantizó que no hay ningún tipo de criterio político en el rastreo de las redes sociales, pues hombre, con todo el respeto para el general, eso no es ni lo que dijo él el domingo ni lo que dicen las instrucciones que ha dictado al cuerpo, se pueden comprobar en algunos medios, que, eso sí, han quedado sin efecto de manera inmediata.
Si este episodio pasa con un Gobierno del PP, Dios mío, el Gobierno habría sido denunciado ante todos los organismos internacionales que se pusieran a tiro, lo que pasa que las almas sensibles están dispuestas a dejar pasar el asunto cuando el Ejecutivo es un Ejecutivo de izquierdas. Ya, es lo...

Y lo que piensa el Gobierno y el argumentario que sigue al pie de la letra los ministros lo volvió a poner de manifiesto Isabel Celáa, la antigua portavoz del Gobierno, que dice "no se puede aceptar que haya mensajes negativos, mensajes falsos en definitiva, que van en contra de la credibilidad de las instituciones". Ahí está toda la estrategia: mezclar, confundir las críticas legítimas con las mentiras y los bulos. Es una estrategia, oiga, un mensaje negativo es una crítica al Gobierno, lo cual es legítimo; un bulo es otra cosa. Pero mezclarlo todo...

Alguna vez hemos hablado de Steve Bannon, el estratega electoral de Trump. Según él, ante las dificultades hay que inundar el campo de mierda de tal forma que no se distinga lo cierto de lo falso. Cuando ABC descubrió el escándalo de la tesis plagiada de Sánchez, él acuñó un mecanismo que no ha dejado de aplicar desde entonces. Dijo que las revelaciones periodísticas eran fake news, que se iba a querellar. Por supuesto no se querelló nunca porque la información era absolutamente verídica, pero desde entonces se mantiene la obsesión de identificar las noticas críticas hacia su persina con fake news. Eso mismo hace Trump. Por eso se refirió al asunto de las fake news en su investidura. Por eso se está ejerciendo ese control sobre periodistas. Por eso intenta que el CIS, a través de Tezanos, legitime la censura de las informaciones que no vayan por canales oficiales. Por eso rastrean en las redes sociales y todo eso es, por cierto, ilegal.

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