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"Los valientes gudaris catalanes han dicho que sus generales eran Puigdemont y su criado Torra"

 

Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2Actualizado09:54

Todo gamberro sueña con ser un héroe. Basta mirar la portada de ABC para darse cuenta de que donde hay un lanzador de adoquines hay una vocación frustrada, y esa satisfacción del pobre hombre con una metralleta en una mano y el puño izquierdo alzado en la otra, son una muestra de la clase de ganado que se alista en el nacionalismo, cuando quiere sacudirse su raíz burguesa. Empiezas cantando Els Segador y terminas cantando La Internacional, con una metralleta en la mano.

Ayer, el secesionismo tuvo dos buenos momentos. Por un lado, la pérfida declaración de Pedro Sánchez, enterrando a Montesquieu, y, por otro, la renuencia de los británicos a cumplir la euroorden sobre Ponsatí. Desde luego, los abogados de los prófugos repetirán las palabras de Pedro Sánchez en defensa de sus clientes, un gran favor que demuestra lo listo que es nuestro presidente en funciones de manipulación. Por muy chulo que sea no pudo ser una sobredosis de soberbia, sino un calculado guiño a sus futuros socios secesionistas.  Pero en medio de tanta alegría -lo de los británicos puede ser pasajero- llegaron los frustrados soldados de la revolución, los CDR, y ante el juez cantaron la gallina, no se iban a comer el marrón ellos solos. Es lo de siempre: el señor de buenas maneras, viendo que las cosas son difíciles por las vías ordinarias, contrata a un matón que por cinco mil euros rompe las piernas al señalado, pillan al matón, y el matón -que no es un caballero, porque si fuera un caballero no se dedicaría a ser matón- nombra al cliente y narra las vicisitudes del encargo. Naturalmente, hay que respetar la presunción de inocencia, incluso en el caso del criado del Prófugo, pero no se van a librar de una orden de investigación por fomentar, contratar y manipular a los más violentos de la manada, que llevaban camino de convertirse en unos terroristas de provecho.

Les dijeron a los gamberros que lo que harían no era un delito, sino que tomarían parte en la buena causa de una revolución; les hicieron creer que eran soldados -los gudaris catalanes, nada menos- pero tanto en Canarias como en Cataluña, no sé qué sucede que, en cuanto se ponen a organizarse bajo las premisas del terrorismo, son bastante chapuzas, y les explotan las bombas, matan poco y mal, o ni siquiera llegan a eso. La cosecha de muertos de Terra Lliure fue de cinco cadáveres, cuatro de ellos pertenecientes a los propios militantes de Terra Lliure. Vamos, entrabas a formar parte de Terra Lliure y era como participar en una ruleta rusa con un revólver de segunda mano.

En esta ocasión, de momento, no ha habido que encargar ningún ataúd, pero los valientes gudaris catalanes han dicho que sus generales eran El Prófugo Puigdemont y su criado Torra. Tiene razón la chica esa que dice que la violencia evidencia el conflicto. Desde luego. Y los jefes de la banda criminal de la violencia resulta que eran gente con corbata, según testimonio de los componentes de la banda. Presunción de inocencia. Pero si la violencia evidencia el conflicto, las confesiones señalan quienes son los jefes de los bandidos.