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Del Val: “El escrache es de canallas y da igual que sea contra Sáenz de Santamaría o contra Iglesias"

Luis del Val

Colaborador

Tiempo de lectura: 2Actualizado 10:01

Creo que no hay nadie que no comprenda que sobre el pato a la naranja la opinión del pato es bastante distinta a la del cocinero.

La opinión que tenía Pablo Iglesias del acoso y acorralamiento a los políticos en la puerta de su casa, era que se trataba de un jarabe democrático. Tiempos en que estaba convencido de que por ir a clase sin chaqueta ni corbata estaba haciendo la gran revolución, y que tener el domicilio en Vallecas le proporcionaba el certificado de revolucionario. Ahora, cuando vive en un chalet de Galapagar, nota que el jarabe, no es nada suave. Por eso, delante de la puerta de su casa hay cinco automóviles de la Guardia Civil, cinco. Y ya no dice, como decía antes, que cada agente de las fuerzas del orden es un lacayo del capitalismo.

El escrache, el atosigamiento contra una persona en el domicilio de su casa, es una acción repugnante, llevada cabo siempre por un puñado de cobardes, que se refugian en el anonimato que proporciona la manada, para acorralar y asustar a un ciudadano. Esta acción repugnante, jaleada por Podemos, simpatizantes y palmeros, es nauseabunda y mugrienta, propia de canallas de tercera división, y da igual que se dirija contra Soraya Sáenz de Santamaría que contra Pablo Iglesias. La diferencia entre los que hemos mantenido este criterio y el boquirroto vicepresidente es que nosotros no cambiamos de opinión, según sea la víctima. Y, también, que ninguno de los que se ha quejado del escrache amenaza con la venganza, excepto Pablo Iglesias, que con esa voz untuosa, que le han debido enseñar en algún curso de comunicación, suelta nombres y apellidos de contrincantes políticos, insinuando que les puede pasar a ellos lo mismo, es decir, que del escrache Pablo Iglesias sigue teniendo una opinión diferente según interprete el papel de cocinero o el papel de pato, según sea la víctima el jefe de los matones.

Le pasó también con Julio Anguita. Cada vez que, en un coloquio, le citaban a Julio Anguita, se desazonaba, se ponía nervioso y decía eso de que no era el caballo del Cid, que ganaba batallas después de muerto -y no había muerto Julio- y que había buenos comunistas, de veintitantos, de treinta y tantos años, o, como recuerda Santiago González, hoy, en El Mundo, lo que debería hacer Julio Anguita era montarse en un helicóptero e irse a Castellgandolfo o a la mierda, palabra de Pablo Iglesias. Si no tenía compasión con un camarada, ni de su edad, ni de sus alifafes ¿qué esperamos que reserve para sus contrincantes? Escraches canallas, hostigamiento y presión. Y tiene ayuda. El ministro de Interior dedica las fuerzas del orden a investigar quién está detrás de las caceroladas. Gracias ministro, en lugar de vigilar y espiar el terrorismo yihadista que sigue ahí, se dedica a emplear nuestros recursos en intereses partidarios. No pierda el tiempo, detrás de las caceroladas está gente que no ha cobrado el ERTE, cientos de miles que saben que se van a quedar sin trabajo, cuantas más alarmas se prolonguen, y que están convencidos de que, cuando concluya la alarma, muchos tendrán que seguir con la mascarilla puesta para olvidarse de que no tendrán comida que llevarse a la boca. Pero no se preocupen. Lean las encuestas del Centro de Imaginaciones Sociológicas. Siguen siendo los mejores.

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