Santi González: "Iglesias entró en Moncloa sin decir ni hola a las dos ordenanzas que le abrieron las puertas"

El tertuliano de "Herrera en COPE" hace un repaso al primer Consejo de Ministros del gobierno de coalición

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Santiago González

Colaborador

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 09:19

El doctor Calamidad se ha estrenado como presidente del Gobierno y no ha defraudado expectativas. Su comparecencia fue un recital de desfachatez, que tuvo dos momentos cumbre: su desprecio por la JEC, ignorando la inhabilitación de Torra, ratificada por el Tribunal Supremo. ‘Encantado’ de reunirse con Torra, “a día de hoy es el presidente de la Generalitat”, dijo. Por si no se bastara él para despreciar la Tribunal Supremo, ha nombrado fiscal general del Estado a Dolores Delgado, dos gestos mortales por separado para la separación de poderes en España, o sea que excuso decirte cuando vienen juntos.

El presidente ha descubierto hace tiempo que mentir le sale gratis, que no necesita responder cuando le pregunten por el plagio de su tesis, por la corrupción de los EREs, por la negación permanente se su hemeroteca o por los cargos, sueldos y viajes de su señora. Quién insista en esto es un pesado que no merece respuesta.

Ahora parece haber extendido su estilo a la coalición. Su vicepresidente, que hace manspreading hasta cuando está de pie, dio ayer un recital en el día de su estreno. Comparado con él, el pobre Alberto Garzón parecía Beau Brummel, un árbitro de la elegancia. Su entrada a la Moncloa tuvo tres momentos estelares: en primer lugar la llegada: todos los ministros llegaron al posado andando, como si vinieran así desde casa. Bueno, desde casa no, porque él y su delegada en 'Igual da' llegaron por separado, como si vinieran de sitios diferentes. En segundo lugar, su posado con las piernas arqueadas y la cartera en medio, como un atributo fundamental de macho alfalfa. No había riesgo de que llevara la mochila. Y en tercer lugar su entrada, sin dirigir siquiera un buenos días a las dos ordenanzas que le abrieron las puertas.

Además, parece que Pablo Iglesias le copia en sus rasgos más característicos. Los dos Ceaucescus están a la par. El partido ha pagado a la escolta a la que despidió para que no llegara a juicio. Y él tuvo ayer su gran momento Sánchez al cantar las excelencias de la nueva fiscal general, al decir que le parece fantástico el nombramiento, “como cualquier otra decisión del Gobierno del que formamos parte”, dijo anoche en el informativo de Antena-3. Él había dicho que Dolores Delgado, “alguien que se reúne de manera afable con un personaje de las cloacas de interior de nuestro país debe alejarse de la vida política de este país… no es aceptable que en este país haya ministros que sean amigos de tipejos como Villarejo”.

“Impecable”, la considera el mentiroso patológico que ejerce la presidencia del Gobierno y así la considera también Aigor. ¿Qué pensará de todo esto Grande-Marlaska?¿Y Felipe González?¿Qué pensará el vicepresidente segundo de su propia intervención, aquel día que le restregó a Sánchez en el Congreso la cal viva de Felipe González? Pablo Iglesias es un valido, no de Pedro Sánchez, sino de Iván Redondo, ya sabes lo que decía aquel personaje de ‘La venganza de don Mendo’. Don Pero, sí señor: “Soy valido y sé disimular como es debido”. A mí me parece que el nombramiento de Lola Delgado es un error. La fiscal general debería ser Nini Lastra. Ella fue una adelantada en discutir competencia a la Junta Electoral Central para inhabilitar a Torre Lliure. Antes que Sánchez, incluso. Otro día hablamos de la financiación de Podemos por Venezuela y la Bolivia de Evo Morales, aunque no valdrá de nada. España está dejando de ser una democracia.

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