Del tango al reguetón: la historia de los bailes que el poder siempre ha prohibido
Desde la zarabanda del Siglo de Oro hasta el 'perreo', un repaso a las danzas que han sido censuradas por su carácter sensual, popular o disruptivo
Ana Velasco, historiadora
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Una canción del nuevo disco de Jorge Drexler ha servido como punto de partida para que la historiadora Ana Velasco, en la sección 'Curiosidades de la Historia' del programa 'Herrera en COPE', desgrane la fascinante historia de los bailes prohibidos. A lo largo de los siglos, distintos tipos de poder han intentado reprimir y censurar danzas por considerarlas inmorales, peligrosas o subversivas, aunque con poco éxito.
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Bailes prohibidos | Curiosidades de la Historia
La zarabanda, el baile
El viaje comienza en el reinado de Felipe II, cuando un decreto de los alcaldes de casa y corte de Madrid prohibió bailar la zarabanda. Según ha explicado Velasco, aunque la canción de Drexler menciona el año 1583, un investigador apunta a que data de 1585. La pena para quien osara contravenir la norma era severa: 200 azotes y 6 años remando en galeras.
Más que el baile, lo que se castigaba era el cante, ya que la zarabanda iba acompañada de coplas improvisadas de contenido erótico. "Era un baile que consistía en girar, sobre todo, las caderas", ha detallado la experta. A esto se sumaba que las mujeres bailaban "en cueros", es decir, en ropa semiinterior, y que era una danza popular, lo que aumentaba el recelo de las élites en plena Contrarreforma.
La percepción de la época queda reflejada en los escritos de coetáneos como Juan de Mariana, quien afirmaba que "es un baile tan deshonesto en palabras y movimientos que no debería tolerarse". A pesar de los intentos de censura, la zarabanda no desapareció. En el libro El diablo cojuelo de Luis Vélez de Guevara, el propio demonio se atribuye su creación: "Yo inventé la mariona, el bulli cuz cuz, las pugas del infierno, la chacona, y la zarabanda".
Censura al otro lado del Atlántico
En octubre de 1766, el Tribunal de la Inquisición en México emitió otro edicto contra un baile: el chuchumbé. Su versión contemporánea no es otra que La bamba. Ana Velasco recuerda que la letra de esta famosa canción ya insinúa una picardía que puede ir más allá de lo ingenuo. El chuchumbé, al igual que la zarabanda, se basaba en coplas improvisadas de ritmo bailable y percusión corporal.
Las letras que se conservan evidencian su carácter provocador y anticlerical, lo que incomodaba profundamente a la Inquisición. Una de las coplas recogidas por un escribano de la época decía: "En la esquina está parado un fraile de buen parecer con el chuchumbé en la mano, enseñando a las mujeres". A pesar de la prohibición, la tradición ha sobrevivido en formas como el Son jarocho de Veracruz.
El recorrido histórico continúa en Montevideo, en 1807. Allí, el gobernador Francisco Javier de Lío prohibió los "bailes, tangos y candombes de los africanos y sus descendientes". En este caso, la censura no se debía tanto al carácter sensual de la danza, sino a un intento de controlar a las minorías racializadas, cuyas costumbres no eran cristianas y tenían fuertes raíces africanas.
Del tango pecaminoso al reguetón
Ya a finales del siglo XIX, el tango también fue considerado un baile pecaminoso. El llamado "tango de la guardia vieja" se asociaba a ambientes prostibularios y sus títulos originales, como "Concha sucia", dejaban poco a la imaginación. El propio papa Pío X desaconsejó en 1913 a los católicos bailar una danza que consideraba "inmoral", una visión compartida por el káiser Guillermo de Alemania y el emperador de Austria.
La percepción cambió gracias a una exhibición de tango ante el papa Pío XI protagonizada por el bailarín Casimiro Ain, que demostró que el baile podía ser decente. Aquello abrió la puerta a un furor por el tango en los años 20. Mucho más reciente es la persecución del reguetón en Puerto Rico, donde en 1995 una ley permitió incautar casetes por sus letras sobre sexo, drogas y vida callejera, y por el baile asociado, el perreo. Como suele ocurrir, la prohibición solo aumentó su popularidad.
Finalmente, Velasco ha matizado que, aunque el franquismo tuvo "suspicacias con los bailes modernos como el rock and roll, el twist o el mambo", no hubo prohibiciones explícitas como en épocas anteriores. La dictadura promovió bailes tradicionales a través de la Sección Femenina, pero la aversión a estas danzas "agarradas" e "inmorales" fue un fenómeno global, con represalias a los "chicos del swing" en la Alemania nazi o a los "pachucos" en Estados Unidos.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.