El método educativo que ‘silencia la cabeza’ de los jóvenes: así rescatan los oficios a una generación marcada por la ansiedad

Un experto pedagogo revela cómo el trabajo con las manos se ha convertido en una terapia eficaz contra el malestar emocional y la falta de atención en los adolescentes

Ignacio Juanilla Bernardo

Madrid - Publicado el

3 min lectura

La preocupación por la salud mental de los jóvenes ha escalado hasta convertirse en una de las grandes inquietudes sociales. Un creciente número de adolescentes sufre problemas como autolesiones, trastornos alimentarios, adicción a las pantallas o una profunda incapacidad para mantener la atención. Ferrán Riera, pedagogo con más de 25 años de experiencia y director de dos escuelas, lleva tiempo observando este fenómeno que califica como “malestar emocional disruptivo”, un sufrimiento que no siempre requiere ingreso hospitalario pero que mina la vida de los chicos y de sus familias.

Según Riera, este malestar se ha “disparado muchísimo” en los últimos años, manifestándose en una autopercepción muy negativa, un victimismo acentuado y la sensación constante de ser juzgados. “Los mejores alumnos muchas veces solo están pendientes de si son capaces de estar a la altura de lo que el profesor les pide”, señala, en lugar de centrarse en la materia. Este problema, además, no distingue entre clases sociales ni afecta únicamente a familias desestructuradas.

El origen de un problema generacional

El problema es “multifactorial”, aclara el experto. Uno de los principales culpables es el abuso de la tecnología y las redes sociales, un mundo virtual que “les aleja de la realidad, de la relación con la materia”. Riera subraya que el contacto con lo tangible “estructura la relación con la realidad” y “ordena la cabeza”. Al perder ese anclaje, los jóvenes se desconectan. A esto se suma el miedo que los propios padres transmiten: “un miedo a todo, a que nuestro hijo no triunfe, a que fracase, a que sufra”. Esta sobreprotección genera personalidades egocéntricas que dificultan aún más su relación con el entorno.

El mundo que les estamos ofreciendo no les interesa"


La crisis es más profunda de lo que parece, es una “crisis de significado”. El modelo de vida tradicional basado en estudiar, encontrar un trabajo y formar una familia ya no atrae a muchos jóvenes. “El problema de nuestros alumnos es que el mundo que les estamos ofreciendo no les interesa”, afirma Riera de forma contundente. La impaciencia, alimentada por la inmediatez digital, choca con el hecho de que “las cosas importantes en la vida necesitan tiempo”. Además, perciben una gran dificultad para “asumir el sacrificio que implica perseguir un deseo bueno”.

La terapia de los oficios: 'hacer silencio en la cabeza'

Ante este panorama, Riera y su equipo han descubierto una solución tan antigua como eficaz: el trabajo manual. En sus centros, alumnos con mayores dificultades dedican parte de su horario a tareas prácticas como cocinar, trabajar en el huerto, ayudar en mantenimiento o cuidar de los más pequeños. Estas actividades se integran en el currículum y se evalúan. La clave, explica, es que “todo el trabajo en el que uno empieza a hacer algo que después de un trabajo es útil, se puede ver, eso ayuda a ordenar la cabeza y permite una entrada franca, honesta con la realidad”.

En la cabeza se hace silencio"

Los resultados son reveladores. El trabajo manual no solo combate la impaciencia, sino que también produce un efecto tranquilizador. Riera comparte una anécdota significativa: un alumno fue un domingo a terminar una valla para un oasis de insectos que cuidan en el colegio. Al preguntarle por qué, el chico respondió con una frase que resume el poder de esta pedagogía: “Es que en la cabeza se hace silencio, se ordenan las cosas”. Ver un resultado tangible de su esfuerzo les devuelve “un cierto orgullo, un cierto valor” y una posición desde la que afrontar nuevos retos.

La Central de los Oficios, un nuevo horizonte

Esta filosofía ha cristalizado en la creación de ‘La Central de los Oficios’, un proyecto que nace de las escuelas L'ISAX y La Gleba para dar respuesta al abandono escolar y a la falta de rumbo de muchos jóvenes tras la educación obligatoria. La iniciativa busca ofrecerles un lugar donde aprender un oficio y, al mismo tiempo, recibir un acompañamiento personal que les ayude a reconstruir los “vínculos con las cosas” que han perdido: con la sociedad, con el trabajo y con la familia. El objetivo último no es solo que aprendan un oficio, sino “que el chico recupere un deseo sobre el valor de las cosas” y la motivación para que “la vida sea grande”.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.