Javier Urra: “A los españoles nos encanta pegarnos tiros en el pie”

El psicólogo Javier Urra ha visitado Fin de semana para presentar su último libro 'Quién es quién. Diccionario de tipos y caracteres'

 

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 12:33

Es una realidad que vivimos muchas veces en base a prejuicios, que encasillamos en seguida a las personas según prototipos y estructuras que tenemos en la cabeza... pero es que muchas veces las personas y actuamos de forma muy similar.

Y es que en el fondo... no somos tan distintos. Eso no significa que no exista diferentes tipos de personalidad y de perfiles psicológicos. Sobre esto habla en su libro el psicólogo y ex defensor del menor, Javier Urra: 'Quién es quién, Diccionario de tipos y caracteres': El Chori, El Vago, El malasombra, El Dioni, El Titanic... son sólo algunos de los tipos de personalidad que, con un toque de humor y de experiencia personal, ha reunido en su último libro el que fuera defensor del menor.

En sus páginas, Urra refleja hasta 920 tipos de caracteres con los que se pueden identificar las personas. “Cuando ves a una persona la juzgas, quieras o no. Por lo que captas, por lo consciente, por lo inconsciente, por lo que recuerdas, por el olfato...”.

En los micrófonos de la cadena Cope, el psicólogo ha aprovechado para explicar cómo es, a sus ojos, el carácter de los españoles: “Nos encanta pegarnos tiros en el pie. Una cosa muy del español es criticarse. Nos gusta quejarnos”, y ha añadido que “somos un pueblo con 500 años de historia (...) y tenemos una identidad muy propia. Una característica del pueblo español es que somos muy independientes cada uno”. Eso sí, el experto también ha recalcado el lado amable de nuestro carácter: “Somos una sociedad muy generosa, muy altruista”.

El prólogo del libro es de Juan Manuel de Prada, que dice entre otras cosas: “Javier Urra alterna, en alegre camaradería, lo sesudo y profesoral con lo lúdico y desenfadado, donde cruzan sus armas el acerado estilete y el humor más cáustico. Así pues, el libro, como nos apercibe el autor, es más que un mero juego divertido, y aunque parezca, como también nos advierte el autor, que no tiene orden ni concierto (pero qué pintarían, me pregunto yo, el orden y el concierto en un libro desenfadado y festivo como este), todo él es un alegato en favor de la vida, donde fundamentalmente, como reza uno de sus apartados, sólo se persigue la celebración y la gracia de existir”.

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