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Horacio Echevarrieta, el empresario vasco al que Alfonso XIII le consultó en sus peores crisis

Gonzalo Arroita, coautor de ‘Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta”, cuenta en Fin de Semana con Cristina la vida y trayectoria económica de este benefactor de España

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Cristina López Schlichting
@crisschlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 5'Actualizado 13:40

Si preguntamos por nombres de empresarios famosos seguramente muchos dirían Rockefeller o quizás Donald Trump. Si son empresarios españoles, seguramente Amancio Ortega o Ana Botín. No se cuelan muchos nombres en nuestra memoria, y los que hay se repiten siempre.

¿Y si dijéramos Horacio Echevarrieta? No nos vamos a engañar, lo más seguro es que no le conozcamos pero su firma está en mucho de lo que vemos y ni lo sospechamos.

Horacio Echevarrieta fue un empresario bilbaíno que desafió crisis, guerras y pandemias y cuya figura es resaltada ahora por varios admiradores suyos que han querido sacar de las sombras un nombre que, por propios méritos, debería estar en el podio de los emprendedores.

"QUE EL DINERO NUNCA DUERMA"

Por eso sale a la venta el libro ‘Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta’ (Ed. Surfing Challenge), una obra de tres autores. Gonzalo Arroita, letrado y urbanista, es uno de esos autores y ha estado en Fin de Semana con Cristina para relatar que “tuvo navieras, astilleros, las primeras empresas petrolíferas de prospección, apostó por transportes, hizo ferrocarriles, barcos, aviones, promovió ingenios…; nació en Bilbao y, con lo que heredó las minas de su padre y algunos solares en el ensanche de Bilbao, podía haber vivido toda la vida sin trabajar, pero su lema era ‘que el dinero nunca duerma’”.

Gonzalo explica que, “desde el principio, desde muy joven, fue muy peculiar porque ya en las minas de Bilbao, a principios de siglo, cambió las condiciones de vida en ellas. La media de vida en aquel entonces para un minero era entre 30 y 40 años. Fue el primero que ya por aquellos tiempos hizo hospitales anti tuberculosis, bajó la jornada de trabajo a 8,5 horas y, de hecho, los otros patronos le llamaban ‘el empresario esquirol’, pero él decía ‘yo lo hago por humanidad y porque el obrero sano rinde muchísimo más’. Él ya en la primera década del S. XX empieza con las minas en Bilbao, heredadas del padre, pero las empieza a extender por toda España y piensa que por qué vender minerales a los extranjeros cuando podemos llevarlos nosotros, entonces empieza a generar una naviera que, en nada, es de las principales de España; a partir de ahí busca generar progreso y economía y que el dinero nunca duerma, empieza a trabajar en el tema de energías, primero con las minas y luego con las hidroeléctricas, de hecho crea Iberdrola, pero con todo tipo de fuentes de energía. Él quiere generar crecimiento urbano, desarrollo de todo tipo, medios de comunicación, de hecho está en el origen de la radio en España”.

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Sobre esto último, Arroita detalla que Horacio Echevarrieta “tenía ‘El Liberal’ en Bilbao y en los años 20 la prensa escrita ve la llegada de la radio y, como siempre pasa cuando llega un medio nuevo, se ponen en contra por la incertidumbre. El único que lo ve claro desde el principio es él que dice ‘esto va a ser el futuro’, se mete en ella, la promueve con el Gobierno porque en ese momento era la tercera persona más influyente en España, no había proyecto que se hiciera aquí sin su presencia; genera el consorcio de Unión Radio y eso después de la Guerra Civil fue la Cadena SER”.

EL EMPRESARIO REPUBLICANO AL QUE EL REY LE CONSULTABA

El rey le consultaba prácticamente todos los temas”, desvela Gonzalo, que detalla que “un tema que fue importantísimo fue, tras el desastre de Annual, los presos españoles en África están año y medio sufriendo penalidades y el Gobierno no acaba de sacar el tema adelante, el rey se pone en contacto con Horacio y éste se presenta, porque Abd el-Krim le conocía, rescata a todos los presos, adelanta un dinero para el rescate y se queda como rehén hasta que monta el último de los prisioneros en los barcos de vuelta a Melilla”. “Nosotros todavía nos hemos encontrado gente de edad, como una señora, que nos cuenta ‘mi padre fue rescatado por Horacio Echevarrieta, en mi casa le hemos venerado toda la vida’; cuando volvió con los presos de África, en 1923, la celebración aquí es similar a la que vimos cuando en su momento España ganó el Mundial de Fútbol en 2010, la gente se echó a la calle”.

Es un mensaje muy positivo e interesante: hizo un emporio económico, social y cultural, pero lo hizo en medio de crisis bestiales y guerras”, detalla el coautor: “Él está fundando Iberdrola cuando está terminando la I Guerra Mundial, y cuando llegó la mal llamada Gran Gripe Española de 1918, que dejó decenas de millones de muertos y que casi se une a la Guerra de África, él tuvo un papel decisivo; en el crack del 29 fundó Iberia e hizo un desarrollo en España, él modernizó el país, entró en esos grandes sectores”.

El submarino E1 es un tema aparte, como reconoce Gonzalo: “Es el más novedoso del mundo. Se lo encarga Alfonso XII, Horacio hace el proyecto en los astilleros de Cádiz y, en ese momento, era prácticamente inatacable, su modelo fue desarrollado tanto por alemanes como por soviéticos en la II Guerra Mundial. Y aquí empiezan sus problemas porque Alfonso XIII le encargó una flota de submarinos importante y él empieza a vender no solo sus empresas sino su colección de arte, de las mayores de España en aquel momento, y el rey tiene que salir de España y él, que era republicano convencido (Alfonso XIII le quiso nombrar marqués por el rescate de los presos de la guerra de África y él rechazó el título porque dijo ser amigo ‘de todas las monarquías europeas pero soy republicano’), al llegar la república espera que toda esa inversión hecha en la flota de submarinos sea respaldada, pero Indalecio Prieto, al que había ayudado mucho desde sus orígenes en Bilbao, le dice que no lo van a adquirir”. “Los historiadores comentan”, continúa Gonzalo, “que, si hubieran adquirido esos submarinos, es muy posible que el levantamiento de Franco no hubiese seguido adelante porque hubiese sido muy difícil el traslado de las tropas desde África o los bloqueos de los puertos”.

MADRID, CAPITAL TOCADA POR SU MANO

En Madrid también queda su impronta: “Desbloqueó la urbanización de la Gran Vía de Madrid, llevaba prácticamente una década que no arrancaba y él ganó la concesión e hizo un desarrollo bestial en poquísimo tiempo en el cual ocupó y trabajó sobre más de 300 solares, cuarenta y tantos edificios y culminó la urbanización de la Gran Vía con un edificio especialmente importante, el Palacio de la Prensa. También hizo el ensanche de Bilbao, el Metro de Barcelona… eran obras punteras de la ingeniería porque él siempre hizo de mecenas con artistas y arquitectos e ingenieros, incluso los mejores pensadores como Unamuno”.

Llegó a estar encarcelado, ¿qué hizo para acabar allí? El autor lo explica: “Cuando llega la república está en una crisis financiera total porque ha apostado por la flota de submarinos. Indalecio Prieto, por lo que cuentan los historiadores, le dijo que, si apoyaba una operación para destronar, en cierta manera, al dictador de Portugal, podía haber una oportunidad de que le comprasen los submarinos. Se metió en aquella historia y, realmente, aquella operación acabó en un envío de armas a Asturias sin que él lo supiera como cuenta Santiago Carrillo en sus memorias (coincidieron en la cárcel), y él terminó en la cárcel”.

“Horacio Echevarrieta pasó la Guerra Civil en el Madrid republicano, en su casa de Claudio Coello, hoy el Hotel Meliá Serrano, y allí tuvo de refugio a empresarios de derechas que se sentían amenazados; esa gente le salvó luego del consejo de guerra posterior porque dijeron que era una buena persona que les había acogido. Le confiscaron bienes por su naturaleza republicana, pero luego pudo recuperar los astilleros y se salvó de aquel consejo de guerra”, detalla.

Echevarrieta murió con un reconocimiento casi nulo, algo que explica Arriola: “Creo que es una persona que nunca se abrazó a ninguno de los bandos, era un empresario que defendía a los trabajadores, defendió los fueros y proclamaba su amor por España y se sentía identificado y tenía muchísimos matices… en aquella España parecía que todo había que hacerlo con muchísimo trazo gordo, sin matices”.

Comprar el libro no es tarea fácil ya que el libro es edición limitada: “Es muy bonita, con unas fotos preciosas rescatadas, casi 150, y salvo en alguna librería de Madrid o Cantabria, fuera del País Vasco va a ser complicado. Nuestro afán comercial es nulo, hemos intentado volcar mucha información, pero en horacioechevarrieta.com cualquiera puede buscar información y vamos colgando nuevos contenidos, y estamos abiertos a añadir información, de hecho hay gente aportándonos”, finaliza Gonzalo.

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