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“Control, disciplina y conciencia: las claves en China para, sin imponer nada, doblegar al virus”

Pablo Díez está de vuelta desde China y cuenta en Fin de Semana con Cristina cómo ha logrado el país volver a una cierta normalidad sin necesidad de grandes imposiciones

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Cristina López Schlichting
@crisschlichting

'Fin de Semana' COPE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 15:43

Pablo Díez, corresponsal en China, está de vuelta en España y reconoce en Fin de Semana con Cristina que “todo lo que pasa en China es una aventura. Ha conseguido controlar esto y apenas hay casos salvo un pequeño brote en la frontera con Birmania, pero hay normalidad, con mascarillas eso sí. El viaje es un claro ejemplo porque antes de salir de viaje me hice una prueba, pero no lo exigen las autoridades españolas porque vengo de sitio bajo de riesgo. En el vuelo había poco más de la mitad del pasaje, con muchos asientos vacíos, de hecho me pude tumbar y todo. Pero poco antes de aterrizar en España las azafatas se cambiaron sus ropas por trajes especiales de protección, así supimos que llegábamos aquí”.

Pablo reconoce en todo caso que en China la mascarilla sigue siendo obligatoria aunque el virus está controlado: “Sí y se sigue recordando con muchas campañas que es eso y distancia de seguridad. Incluso hay bares y discotecas abiertas y dentro hay normalidad, la gente se relaciona sin mascarilla dentro, incluso bailando y fumando. En locales cerrados se puede fumar en algunos sitios”.

¿Cuál ha sido la clave? Pablo lo tiene claro: “Con lo que pasó allí cuando estalló todo, con ese cierre durante 76 días (del 23 enero al 8 abril) y el resto de la provincia, durante 7 semanas aparte del confinamiento en el resto de China, todos en casa sin salir. Y atención que no fue porque fuera obligatorio sino por recomendación. No ya por dictadura sino por responsabilidad. Eso hizo que el virus no se propagara tanto por el país”, de hecho desvela que la gente no salía para nada, incluso pedían que les llevaran la comida.

Un dato curioso: se limitó radicalmente el acceso a todas partes, con pueblos cerrados, incluso con barricadas en la carretera, montones de arena, etc., pues aquí va el extremo: “Un funcionario del Partido Comunista intentó ir a su pueblo y no le dejaron entrar. Así que es eso: muchas medidas, algunas excesivas, pero se logró controlar. Cuando se reabrió se hizo con control con códigos QR y cuarentenas. Control, disciplina y conciencia”.

Para terminar, Pablo explica que allí no es obligatorio vacunarse pero lo recomiendan: “Es el segundo país que más vacunas ha puesto: 160 millones o más. Hay muchas dudas con la vacuna china por la falta de transparencia con los datos, pero más allá de las dudas se está exportando a más de 60 países, aunque es verdad que lo están haciendo para lavar su imagen. No es obligatoria y los gastos sanitarios hasta ahora han sido gratuitos. A los extranjeros ya nos llaman para ponérnosla y las autoridades animan a ponérsela, pero sigue sin serlo”.

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