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Un biólogo desgrana el dilema ético con las vacunas creadas con células de fetos abortados

Francisco Güell analiza en el Espejo los posibles dilemas que produce las vacunas creadas gracias en parte a células de fetos abortados

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 20:02

La llegada del coronavirus ha levantado muchos debates en nuestra sociedad. Y la lucha contra este virus, también. Para la elaboración de algunas de las vacunas se utilizan líneas celulares procedentes de fetos que fueron abortados. Esta realidad implica muchas cosas y por ello en El Espejo, Francisco Güell, investigador del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, filósofo y biólogo, tiene un máster en bioética y profesor para aclarar algunos puntos importantes.

La primera pregunta que surge es ¿qué son esos cultivos celulares? ¿Qué protagonismo tienen a la hora de desarrollar una vacuna? "Primero hay que saber cuál es la función básica de una vacuna, que es inocular en personas sanas un virus que haya sido previamente debilitados para que el cuerpo se prepare para futuros ataques. Y entonces, es necesario tener estos cultivos celulares porque para debilitar los virus se necesitan cultivos celulares humanos que hacen de fábrica de estos virus que serán las bases de estas vacunas".

"Para la vacuna contra el covid, como ya había ocurrido en otras ocasiones, algunos de los cultivos provienen del tejido de cadáveres de fetos abortados, provocados en la década de los 70 y 80. Se sacaron un grupo de células para poder utilizarlas como fábrica de la vacuna", explica el doctor.

Esta situación plantea un dilema moral: "Conviene tener presente que en los tiempos que corren, tenemos que aprovechar cualquier situación para promover la cultura de la vida. Hay que tener en la cabeza que desde que se produjeran esos dos abortos, actualmente no hay constancia de que se haya vuelto a realizar esta acción para desarrollar vacunas. Quien se alinee con la cultura de la vida, es lógico que no quiera relacionarse con ningún tipo de vacuna desarrollada de esta manera. De las 150 que se están desarrollando, seis de las que se encuentran en estado más avanzado, tienen origen fetal. La de Oxford, por ejemplo, es una de esas seis que utilizan ese tejido. Si existen dos vacunas y una tiene conexión con un aborto provocado, lo que nos sale es utilizar y promover aquella que no tiene esa conexión".

Es posible que en un futuro cercano exista una vacuna contra el covid. Y eso nos tiene que dar para reflexionar a la sociedad: "Yo como ciudadano no decido qué vacuna financiar, ni cuál poner al servicio de la población. Es un problema de los gobiernos. Un gobierno que representa a toda la población, pienso que se tendría que tomar en serio el planificar una vacuna que no tenga origen en esas células de fetos abortados. Esa distinción entre la responsabilidad que tienen los gobiernos y la ciudadanía es importante. Para la ciudadanía la responsabilidad es otra. Supongamos que esa vacuna de Oxford es la única que nos ofrecen, si alguien está en una situación de riesgo, no hay ninguna limitación moral para ponérsela. Imagínate que al día siguiente sale una alternativa lícita. Llegados a ese punto, cada uno tendrá que valorar si esperar un tiempo supone un riesgo para la salud".

"Tenemos el deber de informarnos y animo a que cada uno entienda este problema para que así pueda hablar en conciencia. Las cinco condiciones que da la academia Pontificia de la Vida para que sea lícito ponerse esta vacuna (un documento de 2005 por la rubeola) son: que haya riesgo grave para la salud, que cuando vayamos a un centro de salud no haya una alternativa lícita, que la vacuna que nos pongamos la utilicemos de forma temporal, no alinearse con el aborto, y hacer presión a los gobiernos para que apuesten por financiar vacunas licitas".

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