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¿Cómo es la vida en los campos de refugiados?

Te acercamos las historias de las víctimas de la guerra en Siria

 

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Radia tiene 36 años y hasta hace nada se ganaba la vida haciendo pequeños remiendos a la ropa que le llevaban otros refugiados del campo. Las bombas destrozaron su casa en Homs y huyendo de la guerra acabó en el Líbano. A Radia se le ha roto la máquina de coser. Y ahora no puede trabajar. El poco dinero que tiene lo dedica a cuidar de su madre, que sufrió un ictus y apenas se puede mover.

La de Radia es una de las 350 familias que la ONG Urda Spain acoge en el Líbano, en el Valle de la Becá, a apenas 10 kilómetros de la frontera con Siria. En ese mar de jaimas, tiendas y barro nada las vidas de muchas personas que no saben hacia dónde les llevará la corriente.

Katdura, hija de refugiados palestinos y terapeuta en el campo...

Entre ellas, una treintena de niños que no han conocido otra cosa que la huida o la guerra y que, o apenas recuerdan Siria o directamente han nacido en pleno campo de refugiados. Katdura es de origen palestino. Sus padres y abuelos llegaron al Líbano como refugiados hace décadas y ahora es ella la que ayuda a integrar a estos niños, que como ella, tienen que vivir su infancia en circunstancias extraordinarias. 

"Muchos de los mayores de siete años han visto morir a personas cercanas."

Son chicos que han perdido a sus padres o hermanos. Que han visto la violencia de cerca y han tenido que abandonar sus colegios, sus juguetes y sus casas: "Hay dos tipos de niños: por un lado los menores de siete años, que han nacido en el Líbano y se enfrentan a los traumas derivados de no tener una casa o no haber ido a la escuela...Muchos de los mayores de siete años han visto morir a personas cercanas. Necesitan ser tratados por un especialista."

Siad fue adoptado por una familia canaria cuando era niño. Ahora, ya adulto, ha decidido volver a su país de origen para ayudar a personas que no han tenido la misma suerte que él: "Muchas mujeres nos cuentan que han sufrido abusos sexuales, que han visto como mataban a sus hijos o maridos. Muchos niños traumatizados por lo que han visto. Hacemos todo lo posible para ayudar a aliviar el sufrimiento de ese pueblo." Siad recuerda que estos niños son el futuro de Siria: "Buscamos darles una educación para que estos chicos puedan tener un porvenir el día de mañana en su casa."

Entre esos pequeños que representan el futuro de Siria están los cuatro hijos de Hasina. La guerra le ha dejado dos heridas: una en el hombro, que la dificulta la movilidad y le impide trabajar. Y otra, más grande, en el alma: la muerte de su marido. Cargó con sus cuatro niños, salió con ellos de Alepo. Tuvieron que dormir en la calle, refugiarse en una mezquita. Finalmente llegaron al Líbano, donde buscan asistencia médica para el problema cardíaco que sufre el mayor. 

Historias como las de la familia de Hasina son las que captura con su cámara Hasa. Su sonrisa y su flash iluminan la oscuridad del campo. A los 20 años, cruzó la frontera a traés de las montañas para reencontrarse con su familia en Líbano. Allí empezó a colaborar como fotógrafo con una ONG y consiguió formarse en el sector audiovisual. Ahora ha encontrado una salida a su situación a través del ojo del objetivo de la cámara.

Personas con pequeñas metas, como tú y como yo, cuyas vidas se entrecruzan en las tiendas de campaña de ese rincón embarrado y nevado del mundo. Personas cuyas vidas se han visto truncadas por la violencia y que ahora intentan reconstruirlas. A pesar de las dificultades.

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