El avance médico que se esconde en tu salero y que salvó a España de una terrible enfermedad: "Se ha convertido en una de las intervenciones de salud pública más exitosas de la historia"

Este producto de supermercado fue la solución a la carencia de yodo que causaba bocio y cretinismo, dos graves enfermedades endémicas del siglo XIX

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Joaquín Sevilla en la sección de ciencia de COPE Navarra

Alberto Sanz

Pamplona - Publicado el

2 min lectura7:57 min escucha

Muchos consumidores la tienen en su cocina, pero pocos conocen la historia que esconde. La sal yodada, un producto común en cualquier supermercado, es en realidad una de las intervenciones de salud pública más exitosas de la historia. Así lo ha explicado el físico de la Universidad Pública de Navarra (UPNA), Joaquín Sevilla, quien ha detallado cómo este simple añadido nutricional permitió erradicar enfermedades endémicas como el bocio y el cretinismo.

El origen: una carencia de yodo

Para entender su importancia, hay que retroceder a mediados del siglo XIX. En esa época, en determinadas regiones del mundo, incluida España, enfermedades como el bocio y el cretinismo eran endémicas. El bocio provocaba un crecimiento anómalo de la glándula tiroides que se manifestaba en una visible hinchazón del cuello en adultos, mientras que el cretinismo causaba graves problemas de desarrollo intelectual en los niños.

El físico Joaquín Sevilla ha aclarado que el origen de estos problemas era una carencia de yodo. La glándula tiroides necesita este elemento para fabricar hormonas esenciales para el correcto funcionamiento del organismo. La falta de yodo no solo generaba el bocio, sino que los hijos de madres con esta deficiencia sufrían un desarrollo anormal que derivaba en cretinismo.

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La solución: un avance médico 'gratuito'

Fueron médicos suizos quienes descubrieron la causa y la solución. Comprobaron que suplementar la alimentación de la población con yodo hacía desaparecer los problemas de una manera muy rápida. La forma de hacerlo llegar a toda la población fue "de una forma muy sencilla": añadir una cantidad mínima de yodo a la sal, inventando así la sal yodada.

Según Sevilla, esta medida "se ha convertido en una de las intervenciones de salud pública más exitosas de la historia de la humanidad". Además, destaca su bajísimo coste, que se calcula en unos 5 céntimos al año por persona, una cifra que resulta irrelevante para el consumidor final, ya que el precio en el supermercado es el mismo que el de la sal común.

Se ha convertido en una de las intervenciones de salud pública más exitosas de la historia"

Joaquín Sevilla

UPNA

Mitos actuales y el consejo del experto

Al igual que ha ocurrido con enfermedades ya erradicadas gracias a las vacunas, el olvido del bocio ha provocado que surjan corrientes que cuestionan la utilidad de la sal yodada, atribuyéndole un supuesto sabor metálico. Sevilla es tajante al respecto, y recuerda que "se han hecho más de 15 estudios en diferentes partes del mundo" para analizar esta percepción.

El resultado de estas investigaciones es que, estadísticamente, la diferencia de sabor no se nota. En las pruebas a ciegas, los participantes solo aciertan a distinguir la sal yodada de la que no lo es por puro azar. "Aciertan un tercio de las veces, es decir, por pura casualidad", ha sentenciado el físico.

Aciertan un tercio de las veces, es decir, por pura casualidad"

Joaquín Sevilla

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Por todo ello, el consejo del experto es claro: seguir usándola. Sevilla recuerda que, aunque en España no es obligatorio, el hecho de que esté disponible en los supermercados "ha sido suficiente" para que las últimas generaciones hayan vivido libres de bocio. Un pequeño gesto en la cesta de la compra que nos protege de enfermedades olvidadas.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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