Cuando el "show" supera al deporte en la Super Bowl
El espectáculo del descanso ha provocado un debate mundial sobre los estereotipos sobre los hispanos en Estados Unidos y sobre Puerto Rico, una isla de gran influencia mallorquina

Actuación de Benito (Bud Bunny) en la Super Bowl
Mallorca - Publicado el - Actualizado
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Es una ingenuidad muy grande creer que que una final de fútbol americano tenía como objetivo promocionar a la comunidad hispana, la que llaman "latina", reivindicar sus derechos para que mejore su calidad de vida en Estados Unidos.
Es como creer que las estrellas de Hollywood son ángeles que velan por los derechos humanos y que no les importa su cartera sino la gente. Puede que el espectáculo del medio tiempo de la Super Bowl sí se haya querido emplear políticamente, que es otra cosa.
Hay mucha gente, personas serias, buenos profesionales de diferentes ámbitos, también del periodismo, que han visto en la actuación de Benito Antonio Martínez Osorio una reivindicación de la comunidad hispana y una defensa de la forma de ser de los hispanos, en la actuación del descanso de la Super Bowl.
Es posible que usted no haya visto una sola imagen del partido pero que no pare de ver imágenes de la actuación. La conversación no ha parado desde que en la madrugada del domingo los Seattle Seahawks vencían 29-13 a los laureados New England Patriots, lo que pasa es que la conversación no ha tenido nada que ver con el partido, nada que ve con un acontecimiento deportivo que se ha exportado al mundo desde hace décadas. Hace tiempo que el show superó al partido.
Es lógico, nos tratan de servir en bandeja para que aceptemos un deporte que no tiene raíces aquí, es el deporte número 1 en Estados Unidos pero no en el resto del mundo. Su fútbol es ese, pero no es el nuestro.
Respetando los gustos de todo el mundo y a los practicantes que también hay de este deporte en España, y en concreto también en Baleares, es obvio que la final del campeonato estadounidense, la Super Bowl, es un producto de consumo masivo por la habilidad de la industria estadounidense del entretenimiento para conquistar mercados que le son ajenos.
Se trata de vender muy bien el producto, algo que llevan décadas haciendo magistralmente, se trata de poner caras conocidas, de que haya espectáculo, si conviene introducir alguna carga ideológica para que aquellos que no tendrían el más mínimo interés en el evento en sí, de pronto cobren un gran interés, se hace. Llevan años haciéndolo. Y sobre todo, se trata de que el espectáculo del descanso sea de tal alcance que se convierta en un producto de consumo masivo aunque el partido importe un bledo.
Lo cierto es que la actuación del medio tiempo se ha convertido en el gran atractivo de la Super Bowl para el resto del mundo y desde hace mucho. Para que se interese quien no tiene la más mínima curiosidad por el partido, que no ha visto en su vida un partido de los de Seattle o de los de Boston, o del equipo que sea, y que nunca más se planteará verlo hasta la siguiente Super Bowl. Porque el espectáculo trasciende al partido, de esta forma se convierte en un negocio monumental. Esto va de dinero, de nada más.
Una actuación que toca las entrañas.-
¿Y por qué no para de hablarse de la actuación de Benito? porque ha tocado las entrañas de la gente, lo más profundo de las personas. Presentar como defensa de la hispanidad un espectáculo de mal gusto, zafio, que incide en los estereotipos, que estigmatiza más de proyecta, que exalta una única mirada y muy particular sobre qué es lo hispano, es paradójico.
Un número de muy mal gusto, cercano a las bajas pasiones, ante una audiencia millonaria, una forma de normalizar lo que no debiera normalizarse. Muy poco se ha incidido en la influencia que este tipo de música y este tipo de espectáculos tiene sobre la juventud, qué se está enseñando y qué se quiere conseguir normalizar.
Esto hace unos años hubiera sido impensable por su mal gusto, por incidir en los tópicos de quienes ven a la comunidad hispana de América de una manera perturbada.
Presentar la actuación como una defensa de la lengua española esa serie de sonidos y palabras es el último intento del sistema por hacernos comulgar con ruedas de molino. Si tanta defensa hacen de lo hispano, por qué se ponen nombres yankis. Resulta paradójico decir reivindicar a su gente con nombres yankis.
La identidad hispana, por otro lado, no tiene nada que ver con el estereotipo con el que se pretende etiquetar a los puertorriqueños, lo que significa estigmatizar un poco más a la comunidad hispana en Estados Unidos.
Esta vez sin embargo no ha sido ningún anglosajón quien ha hecho el trabajo sucio (de hecho el presidente estadounidense criticó con dureza el show, por eso está el debate tan politizado), esta vez ha sido un propio hispano quien ha lanzado el mensaje de cómo son "latinos". Hay quien sólo ve show, espectáculo. Por qué entonces todas las banderas de los países americanos, por qué esos mensajes como si fuera defensa de lo hispano.
Hubo un tiempo no tan lejano en las que las personas negras sólo eran toleradas en Estados Unidos para la música y después para jugar a baloncesto. Era lo que el sistema toleraba en un país de raíces profundamente racistas y no sólo en una dirección, porque el racismo va en diferentes direcciones.
Hoy cuando la población hispana ha crecido en importancia en Estados Unidos, cuando el español como idioma ha crecido en importancia también en el país, curiosamente llega este show del reguetón que clasifica aún más la percepción sobre qué es lo latino, para que quede claro.
Ni siquiera representa a Puerto Rico, al contrario. La ex candidata a Senadora de Estados Unidos Elisabeth Torres decía ayer que "Puerto Rico ha dado grandes glorias, en el deporte, la música... nosotros no somos lo que quieren hacernos creer. Es una agenda ideológica, política, en contra no sólo del portorriqueño sino del hispano en general. Lo vi en los Estados Unidos, cómo a través del rap intentaron hacer creer a los afroamericanos que eran eso, personas salvajes, sin modales, híper sexualizadas, malas influencias. Puerto Rico no es eso, es isla, Caribe, alegría, amor a Dios. Amamos a los amigos, la lealtad, somos muy resilientes. Me entristece que se quiera vender al mundo que eso es lo que somos. Somos la isla del cordero". El "cordero de Dios" emblema del escudo de Puerto Rico desde 1511 que representa a San Juan Bautista, patrón de la isla, y que "simboliza la fe cristiana, la paz y la herencia española".
Esas son las señas fundacionales de Puerto Rico, provincia española hasta finales del siglo XIX y con grandes vínculos con Mallorca, por la emigración mallorquina en la segunda mitad del siglo XIX hacia la isla caribeña, muchos de Sóller, lo que hace que haya apellidos mallorquines en Puerto Rico como Cañellas, Guasp, Rosselló, Ripol, Mayol...
Puerto Rico, por cierto, estado asociado tras la guerra del 98 con España pero olvidado por Estados Unidos, ya estaba presente en el cine de Hollywood en los años 60 con el gran musical "West Side Story". Allí eran los protagonistas, como bandas callejeras navaja en mano, claro. El estereotipo continúa hoy en 2026 por otros medios, la diferencia es que hay una conciencia hispana mucho más fuerte dispuesta a decir "no. Nosotros sabemos quiénes somos".



