RCD Mallorca: cuando actividad empresarial y fútbol aún no se dan la mano

El club celebra los diez años de propiedad estadounidense en plena crisis deportiva y con el panorama lleno de interrogantes

Andy Kohlberg

Andy Kohlberg

Jordi Jiménez

Mallorca - Publicado el - Actualizado

6 min lectura

Es síntoma de madurez mantenerse firme en el camino pese a los problemas y contratiempos, aunque ahí afuera haga frío, llueva, el vendaval te zarandee. El RCD Mallorca no ha detenido, no ha parado máquinas en los festejos por el décimo anivesario de la propiedad, homenajeando a los abonados más antiguos, por la mala marcha del equipo. Un equipo en descenso ahora mismo, la gran preocupación de todo el mallorquinismo y de quienes siguen al equipo bermellón. 

El presidente Andy Kohlberg y su grupo inversor, en el que estuvo Robert Sarver y están figuras del deporte como Steve Nash y en menor medida el técnico de los Warriors Steve Kerr, ha cumplido diez años al frente de la entidad y tanto interés ha tenido Kohlberg en repasar el camino recorrido como el club en reconocerle su respaldo durante todos estos años. 

Hubiera sido impropio aplazarlo todo por esos malos resultados, es verdad, no es menos cierto que una trayectoria como la actual desluce cualquier celebración y que parece quitar razones a quienes dirigen la nave. La pelota marca mucho, si la pelota no entra, hasta el más guapo deja de serlo. 

Pero esto no parece alterar a Kohlberg, un gran empresario, inversor, ex tenista, habitualmente hierático, el presidente, quien no parece alterarse incluso cuando ve a su equipo zozobrar.

 No se le cambió el gesto en el palco del Metropolitano aunque era obvio que no le gustaba lo que veía. Su cultura es otra y está alejada de lo pasional, un Kohlberg que no parece sentir ni padecer, puede ir la procesión por dentro, del que no se sabe qué piensa realmente sobre la gestión que está haciendo el club en lo deportivo, que es lo que da de comer, de lo que vive un club de fútbol.

Es indudable todo lo hecho, todo lo conseguido, anoche mientras se repasaban en un vídeo los intensos momentos de estos diez años, una auténtica montaña rusa de descenso a Segunda b, ascensos a Segunda y Primera, nuevo descenso, nuevo ascenso, salvación agónica, final de Copa del Rey... era imposible pensar que a Kohlberg todo eso no le afecta. Lo bueno y lo malo de alguien como él es que no importa lo que suceda, que no se van a tomar decisiones en caliente, el proyecto no peligra por un gol que no entra, que el club mantiene su rumbo. Lo malo es que el fútbol tiene códigos y que hay momentos en los que las sacudidas son necesarias. 

¿Qué mensaje se llevan los capitanes con el enaltecimiento de todo lo hecho por el club y los éxitos conseguidos? Quizá piensen que tienen una responsabilidad, que el equipo tiene que mantener todo eso y no seguir fallando. 

O tal vez crean que pese a lo mal que lo están haciendo, no hay urgencias ni problemas porque hay tranquilidad en la cúpula, que está a otra cosa. Porque además lo que más se subraya es todo lo ajeno al fútbol, el estadio, importante, los negocios, las nuevas experiencias en el estadio, pero todo eso es el envoltorio. Lo verdaderamente nuclear es el fútbol.

El Mallorca se ha convertido en un gran club de eventos, da la sensación de que quienes organizan el club lo harían igual de bien en otro tipo de empresa también, las dudas son más bien si hay cultura de fútbol en el Mallorca

Alguno dirá que eso le corresponde al área deportiva y es cierto, lo que tiene que funcionar es el área deportiva que encabeza  Pablo Ortells, pero da la sensación que eso es algo secundario cuando es lo más importante.

Nadie quiere ser un club campeón de eventos pero de Segunda División. No tengan duda, los negocios, los VIPS que pagan mucho dinero, las experiencias de partido, en Segunda División no son lo mismo. Todos crecimos en una cultura futbolística en la que el fútbol lo marcaba todo, algunos vivimos un Mallorca mucho más precario, menos agradable, mucho más austero y a veces áspero, pero en el que se respiraba fútbol. También hemos vivido Mallorcas de caos total, de falta de orden deportivo, de putrefacción, de "aprovechateguis" e insolvencia. Un club de fútbol ha vivido de todo y el RCD Mallorca no es una excepción.

En todo caso lo prioritario era que el equipo funcionara y lo que importaba era el descubrimiento que había llegado de no se sabe dónde y funcionaba, si el delantero si veía portería o no y si el entrenador que estaba triunfando iba a durar poco en el club.

Fútbol secundario.-

Hoy el fútbol parece secundario en el Mallorca,  el presidente Kohlberg está convencido de que están haciendo un gran trabajo con el crecimiento del club y su actividad empresarial. Y lo están haciendo, el Mallorca tiene una potencia social y económico importante, es un lugar al que todo el mundo quiere ir incluso cuando no hay fútbol, porque el plan era ese, Son Moix centro económico.

 Pero nadie quiere ser campeón de los eventos en Segunda División.

 Kohlberg debe saber que todos los que le rodean en estos actos y que le felicitan, no estarán si el equipo está en Segunda División, que no les apetecerá tanto, y que quienes le dicen que lo están haciendo de maravilla, le hablarán de la mala suerte si el equipo baja.

La pregunta es cuál es el plan deportivo. Kohlberg subraya siempre la inversión en el estadio, en la cantera, en la Fundación, toda una serie de cosas que son para consumo empresarial e institucional, que pueden construir futuro, pero alejado del lenguaje futbolístico, nadie sabe si habrá inversión en el equipo, lo más importante, aportación que aunque no pueda ser directa sí computa para aumentar límite salarial. Si afrontarán una reforma de la plantilla.

Nadie sabe el plan futuro, cómo se afrontará una necesaria mejora de la plantilla que ya debiera haberse hecho el verano pasado. Y eso exaspera a algunos mallorquinistas, que no entienden que alguien tan preparado como Kohlberg no haga ejecutar un plan deportivo más ambicioso en consonancia con la ambición que transmite en todo lo demás. Aquí parece que el envoltorio se ha comido al producto, o en palabras de Lillo repetidas por Arrasate "la guarnición se ha comido al solomillo".

 Y eso sin poder reprochar a Kohlberg su compromiso, con nueva aportación de ocho millones a comienzo de temporada. Sin embargo, vemos un club inactivo y que no es competitivo tampoco en el mercado, no sólo en el campo.

No ha fichado, mientras sus rivales, como el Rayo, Osasuna, Sevilla y Valencia, rivales directos, sí lo hacen. La preocupación es máxima porque los aficionados bermellones no pueden evitar cierta sensación de orquesta del Titanic. Están a tiempo porque aún no ha empezado el hundimiento, tan solo es una escora, pero nadie sabe si el capitán se ha dado cuenta.

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