Mito o verdad: ¿el zumo pierde las vitaminas si no se consume al momento?

La oxidación y la exposición al aire influyen en los nutrientes, pero la pérdida no es tan inmediata como se suele pensar

Zumo

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Caterina Ruiz Ponce

Barcelona - Publicado el

2 min lectura

El consumo de zumos naturales se asocia habitualmente con hábitos saludables, pero también ha dado lugar a creencias muy extendidas. Una de las más conocidas es que si no se bebe el zumo justo después de prepararlo, pierde todas sus vitaminas. Esta afirmación ha generado cierta urgencia a la hora de consumirlo, aunque la realidad es más compleja y menos alarmante.

Es cierto que algunas vitaminas, especialmente la vitamina C, son sensibles a factores como el oxígeno, la luz y la temperatura. Cuando se exprime una fruta, su estructura se rompe y los nutrientes quedan expuestos al aire, iniciando un proceso de oxidación. Este fenómeno provoca una disminución progresiva de ciertas vitaminas, pero no una desaparición inmediata.

Por tanto, afirmar que el zumo pierde todas sus propiedades al instante no es correcto. La pérdida de vitaminas es gradual y depende de cómo se conserve el zumo. Si se deja a temperatura ambiente y en contacto con el aire, el proceso será más rápido. Sin embargo, si se guarda en un recipiente cerrado y en el frigorífico, la conservación de los nutrientes puede prolongarse durante varias horas.

El tipo de fruta también influye. Los cítricos, como la naranja, contienen grandes cantidades de vitamina C, lo que los hace más sensibles a la oxidación. Aun así, incluso en estos casos, el zumo sigue aportando nutrientes después de un tiempo, aunque en menor proporción.

Además, es importante tener en cuenta que las vitaminas no son el único componente beneficioso de un zumo. Minerales, antioxidantes y otros compuestos se mantienen más estables con el paso del tiempo, lo que significa que el zumo sigue siendo una opción saludable aunque no se consuma inmediatamente.

Consumir el zumo recién hecho sigue siendo la mejor opción, ya que garantiza el máximo contenido nutricional, mejor sabor y una textura más agradable. No obstante, esto no implica que deba desecharse si han pasado unos minutos o incluso más tiempo. La clave está en evitar condiciones que aceleren su deterioro.

Para conservar mejor sus propiedades, se recomienda mantener el zumo en un recipiente hermético, protegido de la luz y en refrigeración. También es útil reducir el contacto con el aire llenando el recipiente lo máximo posible, lo que ayuda a ralentizar la oxidación.

La idea de que el zumo pierde todas sus vitaminas de forma inmediata es un mito exagerado, aunque tiene una base científica relacionada con la oxidación. Entender este proceso permite consumirlo con mayor tranquilidad y aprovechar sus beneficios sin prisas innecesarias.

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