La ciencia da la razón a las abuelas: Si te duele la rodilla cuando va a llover, no es una coincidencia
Dolores de cabeza, apatía o mal humor son algunos de los síntomas que sufre hasta el 60% de la población con los cambios meteorológicos según la ciencia

Barcelona - Publicado el
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La sabiduría popular, a menudo encapsulada en frases como «me duelen las rodillas, eso es que va a llover», encuentra un sólido respaldo en la ciencia. La doctora en ciencias físicas y meteoróloga Mar Gómez confirma que existe una relación directa entre los cambios de tiempo y el agravamiento de ciertas dolencias. "Tenía toda la razón", afirma la experta, refiriéndose a la creencia popular que vincula el clima con el malestar físico, una conexión que "la ciencia lo confirma".
Este fenómeno, conocido como meteorosensibilidad, afecta a un grupo de personas cuyos síntomas de patologías preexistentes se intensifican con la llegada de una borrasca o una tormenta. "No todo el mundo lo padece, es el grupo que llamamos meteorosensible", explica Gómez, quien se incluye en este colectivo. Las cifras son reveladoras y demuestran el alcance de esta condición en la sociedad actual.
Se estima que entre el 30 y el 60% de la población experimenta este agravamiento, siendo más frecuente en personas de edad avanzada, por una mayor probabilidad de tener problemas de salud, y en mujeres, debido a un factor hormonal. No se trata de una dolencia nueva, sino de la agudización de una patología ya existente en el individuo.
Entre el 30 y el 60% de la población experimenta un agravamiento de sus patologías con un cambio de tiempo"
Doctora en ciencias físicas y meteoróloga
Más allá del dolor físico: el humor
La influencia del clima no se limita al cuerpo, sino que también tiene un impacto significativo en el estado anímico. Durante los meses de otoño e invierno, la reducción de horas de luz solar puede desencadenar el llamado trastorno afectivo estacional, que afecta a entre un 1 y un 10% de la población según el país. Este fenómeno está directamente relacionado con la vitamina D y la producción de serotonina, un neurotransmisor clave en la regulación del humor.
Además de la luz solar, otros elementos meteorológicos influyen en nuestro bienestar mental. "Ciertos tipos de viento que soplan en zonas montañosas o en áreas desérticas, también pueden producir cambios en el estado anímico", señala la meteoróloga. Este factor se ha vinculado con un aumento de la irritabilidad, la ansiedad, la depresión e incluso con las tasas de suicidio.
Del mismo modo, el calor extremo, cada vez más habitual, nos vuelve más "apáticos, más irritados, más enfadados", principalmente porque afecta negativamente a la calidad del descanso nocturno. Las noches tropicales o tórridas impiden un sueño reparador, lo que provoca que al día siguiente "nos cuesta mucho más concentrarnos y y encontrarnos bien".
El sol, un arma de doble filo
A pesar de los efectos negativos de algunos fenómenos, la luz del sol es fundamental para la vida, aunque tiene una doble cara. Mar Gómez destaca que, por un lado, "lo necesitamos todos los seres vivos para sobrevivir", siendo esencial para la producción de vitamina D. Por otro, es crucial "protegernos de él por la peligrosa radiación ultravioleta", especialmente en las épocas del año de mayor riesgo. Ser conscientes de esta dualidad es clave para mantener un equilibrio saludable.

Varias personas usan paraguas en un Tarragona
¿Es España un país afortunado?
Al analizar la situación en España, la experta muestra cautela. Nuestro país se ve muy afectado por las olas de calor y el calor extremo, con un "efecto en nuestra salud física y en nuestra salud mental, indudablemente". La geografía también juega un papel importante, ya que, según Gómez, hay regiones donde el viento es "más intenso, más racheado, más reseco y suele provocar esos problemas de salud".
La capacidad de adaptación de la población es otro factor a considerar. "No es lo mismo una persona a lo mejor que viva en Galicia y esté acostumbrado a la entrada continua de borrascas, que a lo mejor una persona que viva en Murcia", comenta Gómez. Sin embargo, la tendencia general es preocupante. España se enfrenta a un clima más extremo, lo que lleva a la experta a dudar de nuestra supuesta fortuna climática.
En definitiva, la ciencia confirma lo que la experiencia popular ha sostenido durante generaciones. La meteorosensibilidad humana existe y sus efectos son variados y complejos, abarcando desde dolores articulares y migrañas hasta alteraciones profundas en el estado de ánimo. La próxima vez que alguien achaque sus molestias a un cambio de tiempo, tendrá la certeza de que no es una simple coincidencia, sino una respuesta fisiológica respaldada por la evidencia científica.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



