Un experto advierte del colapso educativo catalán: la permisividad crea una generación incapaz de afrontar la vida
La ausencia de esfuerzo, disciplina y límites en la enseñanza genera jóvenes con una alarmante baja tolerancia a la frustración, según el psicólogo Àngel Guirado

el programa 'Herrera en COPE Cataluña' ha conversado con Àngel Guirado, presidente de la Delegación de Girona del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya y experto en educación, quien advierte de las graves consecuencias de este modelo.
Barcelona - Publicado el
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El sistema educativo español se encuentra en una encrucijada crítica, una "casa de locos", como la describen algunos docentes. Lejos de ser una simple percepción, los datos y los resultados académicos confirman que algo no funciona bien. En este contexto de incertidumbre, cada vez más voces señalan a la educación permisiva y la pérdida de la cultura del esfuerzo como el epicentro del problema. Para analizar esta situación, el programa 'Herrera en COPE Cataluña' ha conversado con Àngel Guirado, presidente de la Delegación de Girona del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya y experto en educación, quien advierte de las graves consecuencias de este modelo. Según Guirado, no se trata de una cuestión menor: "cuando hablamos de educación estamos hablando del futuro del país, el futuro de sus ciudadanos".
Cuando hablamos de educación estamos hablando del futuro del país"

"Se ha perdido el concepto del esfuerzo porque se ha considerado que el esfuerzo y esforzarse es una cosa caduca, pasada de moda"
El fin de la cultura del esfuerzo
Uno de los pilares que se ha desmoronado en el paradigma educativo actual es, según el experto, el valor del trabajo y la constancia. "Se ha perdido el concepto del esfuerzo porque se ha considerado que el esfuerzo y esforzarse es una cosa caduca, pasada de moda", lamenta Guirado. Esta idea se ha extendido bajo la promesa de una vida más fácil y feliz, libre de normas y límites. Sin embargo, la realidad es muy distinta. El psicólogo subraya que el conocimiento y las habilidades no son "ciencia infusa", sino que requieren de un impulso, una intención y una disciplina para ser aplicadas en la vida real. La educación, insiste, "ha de ser debidamente pensada, planificada", y eso implica dedicar tiempo y un "trabajo continuado e intencional" que parece haberse diluido.
Esta nueva filosofía educativa, que entiende el aprendizaje como un juego, puede tener una parte positiva si despierta el interés del alumno, pero no puede ser la base de todo el sistema. Guirado es claro al afirmar que se está renunciando a herramientas fundamentales como la memoria, la capacidad de concentración y la disciplina personal. Al final, el esfuerzo no es solo un concepto académico, sino una preparación para el resto de la vida. "Sin capacidad, sin competencia, sin inteligencia, todo esto necesita de un impulso para ponerse en funcionamiento, y eso solo es posible si se busca a través del esfuerzo, de la disciplina, de una intención", argumenta el psicólogo.

Jóvenes en un aula
Jóvenes con baja tolerancia a la frustración
La consecuencia más directa de esta permisividad es la creación de una generación de jóvenes con serias dificultades para gestionar sus emociones, especialmente la frustración. Al no haber encontrado límites en casa ni en la escuela, se topan con una realidad que no pueden controlar. "Estamos creando nenes que no son capaces de enfrentarse a las dificultades", alerta Guirado. Esto se debe a que crecen con unas expectativas poco realistas sobre la vida. El experto lo define de forma contundente: "La frustración es la consecuencia de tener unas falsas expectativas en frente de la realidad, y que esta distancia entre lo que tú quieres y lo que al final obtienes es muy difícil de gestionar".
La frustración es la consecuencia de tener unas falsas expectativas en frente de la realidad"
Este elevado nivel de frustración proviene de la imposibilidad de conseguir unos objetivos para los cuales no se tienen las habilidades necesarias. El resultado son "personas no resolutivas", que carecen de las herramientas para integrarse en una sociedad compleja y exigente. La responsabilidad de este proceso, según Guirado, es una "problemática social" en la que la propia educación ha propiciado currículos escolares "no fundamentados en el esfuerzo, en la disciplina y en el trabajo continuado", generando un círculo vicioso del que es difícil salir.

Grupo de escolares en el aula
Un sistema sin rumbo y un profesorado al límite
El problema no reside únicamente en un cambio de filosofía, sino en la propia estructura del sistema. Àngel Guirado denuncia la falta de un pacto social por la educación que dé estabilidad y coherencia al modelo. "Cada gobierno que llega intenta dejar su propia impronta", critica, lo que somete al sistema a cambios constantes y experimentos que impiden consolidar una dirección clara. Esta inestabilidad se suma a la desorientación sobre qué es importante que adquieran los alumnos, más allá de los contenidos puramente académicos, como las "habilidades de relación" o la capacidad para "solventar problemas cotidianos, no teóricos, prácticos".
En medio de este caos se encuentra el profesorado, que sufre un agotamiento alarmante o 'burnout'. Los docentes se enfrentan a una "carga administrativa importante", a la "falta de actitud" de una parte del alumnado y a la difícil tarea de mantener la "convivencia en el aula". Guirado apunta que los profesores no tienen "la formación adecuada" ni "los recursos adecuados" para gestionar la enorme diversidad y las necesidades de salud mental del alumnado. A esto se añade que "tampoco los padres colaboran", lo que crea un "caldo de cultivo tan difícil de gestionar" que impide ofrecer una educación de calidad, entendida no solo como enseñar, sino como un clima de colaboración entre docentes, familias y alumnos.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



