El secreto de Cantabria que revela el origen del modernismo catalán
La pequeña villa de Comillas se convirtió en el laboratorio de arquitectos como Gaudí gracias al mecenazgo de un indiano que quiso devolver la fortuna a su pueblo

lo ha desvelado el historiador Òscar Uceda, de la asociación de historiadores de Cataluña Antoni Capmany, en el programa 'Herrera en COPE Cataluña'
Barcelona - Publicado el
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El modernismo catalán, un movimiento cultural que define la Barcelona actual y se ha convertido en una de sus principales marcas de identidad, esconde un origen paradójico y poco conocido por el gran público. Aunque su epicentro se sitúa en Cataluña entre finales del siglo XIX y principios del XX, sus primeras obras y el germen de su lenguaje arquitectónico no se encuentran en Barcelona, sino a cientos de kilómetros, en la costa de Cantabria. Así lo ha desvelado el historiador Òscar Uceda, de la asociación de historiadores de Cataluña Antoni Capmany, en el programa 'Herrera en COPE Cataluña', señalando a la pequeña localidad de Comillas como la inesperada cuna de este movimiento.
Como explica Uceda, hay historias que superan la ficción, y esta es una de ellas. El modernismo, que floreció en Cataluña en el período comprendido entre la Exposición Universal de 1888 y la Semana Trágica de 1909, tuvo su verdadero prólogo en este pueblo de pescadores cántabro. Fue allí donde los arquitectos, pintores y escultores catalanes que definirían el movimiento comenzaron a forjar su estilo, experimentando con formas y materiales en lo que el historiador describe como un auténtico laboratorio creativo antes de plasmar sus ideas en obras icónicas como La Pedrera o el Palau de la Música Catalana.

La clave de este sorprendente capítulo de la historia del arte se encuentra en la figura de Antonio López y López, primer marqués de Comillas
Un mecenas visionario en Comillas
La clave de este sorprendente capítulo de la historia del arte se encuentra en la figura de Antonio López y López, primer marqués de Comillas. Este indiano, que había hecho una inmensa fortuna, decidió invertir gran parte de su capital en transformar su pueblo natal. Como los grandes filántropos de la época, López quiso devolver a su tierra parte de lo que había ganado, y para ello no dudó en contratar a los mejores talentos del momento. “Para construir siempre se necesita un mecenas, un señor que ponga el dinero, y más cuando son movimientos nuevos”, ha señalado Uceda.
Antonio López, que residía en Barcelona, actuó como un 'cazatalentos', fichando a los arquitectos más prometedores y con mayor proyección de la ciudad condal para llevarlos a Comillas. Su objetivo era embellecer el pueblo con construcciones grandiosas que pusieran de manifiesto su poder e influencia, creando un conjunto monumental sin precedentes en una localidad tan pequeña. Esta concentración de talento convirtió a Comillas en un hervidero de creatividad y en el campo de pruebas perfecto para el naciente modernismo.

Este palacio, hoy visitable, es considerado una pieza de transición, un preludio de las formas que definirían el modernismo.
El 'dream team' de la arquitectura catalana
El primer gran encargo de López fue el imponente Palacio de Sobrellano, una espectacular obra de estilo neogótico diseñada por Joan Martorell, uno de los grandes maestros de la época, y ejecutada por Cristóbal Cascante. Este palacio, hoy visitable, es considerado una pieza de transición, un preludio de las formas que definirían el modernismo. Junto a los arquitectos, desembarcaron en Comillas pintores como Masdeu, que se encargó de los frescos y murales del palacio, y escultores de la talla de Joan Llimona, Joan Roig y Eusebi Arnau, que dejaron su huella en la localidad.
Pero la ambición de López no se detuvo ahí. Otros proyectos, como el hospital de Comillas, también a cargo de Cascante, o la obra más espectacular del conjunto, el Seminario Pontificio, de Lluís Domènech i Montaner, consolidaron el pueblo como un museo modernista al aire libre. Según ha explicado Uceda, “allí es donde probaban, donde los fallos servían de prueba y donde pudo forjarse y nacer el movimiento”. Familiares y socios del marqués, contagiados por su afán constructor, también financiaron otras obras, como el monumental cementerio.
Quien esté enamorado del modernismo no se puede perder una buena visita a la pequeña ciudad de Comillas

Este palacio, hoy visitable, es considerado una pieza de transición, un preludio de las formas que definirían el modernismo.
El Capricho de un joven Gaudí
Dentro de este ecosistema de mecenazgo y vanguardia, surgió una de las joyas más singulares de Comillas y una de las primeras obras de uno de los arquitectos más universales de la historia. Un familiar de Antonio López, Máximo Díaz de Quijano, decidió contratar a un joven y prometedor arquitecto barcelonés conocido por su imaginación desbordante y su estilo novedoso: Antoni Gaudí. El encargo fue una villa de veraneo, hoy conocida como El Capricho de Gaudí, una obra de inspiración orientalista y llena de detalles musicales, diseñada a medida de los gustos de su propietario.
Esta obra magnífica es uno de los primeros trabajos de Gaudí y encontrarla en Comillas es la prueba definitiva de la importancia de la villa en la génesis del modernismo. Como ha destacado el historiador, el valor de todo este conjunto es incalculable: “Estamos hablando de un patrimonio arquitectónico valiosísimo y de primer nivel”. Uceda invita a redescubrir este legado, afirmando que “quien esté enamorado del modernismo no se puede perder una buena visita a la pequeña ciudad de Comillas” para disfrutar de los momentos iniciales del modernismo catalán.
La primera ciudad de España que tuvo luz eléctrica fue Comillas
Como curiosidad final que ilustra el carácter pionero de la Comillas de la época, Uceda ha revelado un dato sorprendente. Gracias a Antonio López, aficionado a las nuevas tecnologías, y con motivo de una visita del rey Alfonso XII, se instaló el alumbrado eléctrico en el pueblo. De este modo, “la primera ciudad de España que tuvo luz eléctrica fue Comillas”, aunque solo fuera durante dos meses, un hito que demuestra cómo este pequeño rincón de Cantabria, mal comunicado pero inmensamente rico en patrimonio, se situó a la vanguardia del país.
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