Cómo calcular la temperatura con el canto de un grillo: el truco que desvela el divulgador Alfred López

El conocido divulgador de curiosidades históricas y científicas explica la sorprendente etimología de estas palabras y un truco casi mágico basado en la naturaleza

José Miguel Cruz

Barcelona - Publicado el

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Alfred López, conocido divulgador y autor de la saga "Ya está el listo que todo lo sabe", ha vuelto a sorprender con una serie de curiosidades que conectan la historia, la lengua y la naturaleza. En su reciente intervención, López ha desvelado el origen etimológico de palabras tan comunes como 'mercería' y 'gótico', además de explicar un fascinante método para calcular la temperatura ambiente basándose en el canto de los grillos. Su habilidad para transformar datos históricos y científicos en relatos amenos lo ha consolidado como una figura de referencia para los amantes del saber.

la palabra mercería tiene su origen en la lengua catalana.

Un término catalán en la costura

Contrario a lo que muchos podrían pensar, la palabra mercería tiene su origen en la lengua catalana. Alfred López explica que el término, idéntico en su escritura en castellano, se refería a los comercios de objetos pequeños relacionados con la costura, como hilos, botones o cintas. La palabra deriva directamente del vocablo catalán mercero, que designaba a un comerciante de diversas mercancías. Este, a su vez, proviene del latín 'merscius', relacionado con ‘mers’ (mercancía).

Originalmente, un mercero vendía artículos textiles y telas, pero con el tiempo, el oficio se fue especializando. "El comercio se fue especializando en la venta de artículos menudos para labores de confección y arreglo de ropa", detalla López. Así, las mercerías evolucionaron hasta convertirse en las tiendas que conocemos hoy, especializadas en útiles de pequeño tamaño pero de gran utilidad para modistas y amas de casa durante siglos. Aunque la aparición de grandes superficies ha mermado su número, su legado sigue vivo en el imaginario colectivo.

Su origen se remonta a los godos, el pueblo germánico que jugó un papel clave en la caída del Imperio romano de Occidente.

El sorprendente viaje de la palabra 'gótico'

Otro de los misterios desvelados por el divulgador es la etimología del término gótico. Su origen se remonta a los godos, el pueblo germánico que jugó un papel clave en la caída del Imperio romano de Occidente. Según relata López, la palabra proviene del latín 'goticus'. Durante la Edad Media, el vocablo se asoció al estilo arquitectónico que rompió con la sobriedad del románico, caracterizado por sus catedrales altas, arcos apuntados y grandes vidrieras.

Sin embargo, el significado de 'gótico' no se detuvo ahí. Con el auge del Romanticismo en el siglo XVIII, el término evolucionó para describir una estética literaria "centrada en lo oscuro, lo macabro y lo sobrenatural", dando lugar a obras maestras como Frankenstein o Drácula. Ya en el siglo XX, especialmente a partir de los años ochenta, el adjetivo se aplicó a la conocida subcultura juvenil de estética oscura, influida por la música pospunk y la sensibilidad melancólica del Romanticismo literario.

se basa en una observación real. "La frecuencia de los chirridos de los grillos aumenta con el calor

La ley del grillo: un termómetro natural

Quizás la curiosidad más sorprendente es la que vincula a los grillos con la temperatura. Alfred López ha explicado un curioso método que, según él, "parece magia, pero es ciencia". Este consiste en contar los chirridos que emite un grillo durante 25 segundos, dividir el resultado entre 3 y, finalmente, sumarle 4. La cifra obtenida es una aproximación bastante fiable de la temperatura ambiente en grados Celsius.

Contar cuántos chirridos emite este insecto durante 25 segundos, dividirlo entre 3 y sumarle 4"

Aunque López admite que la fórmula no es matemáticamente exacta, se basa en una observación real. "La frecuencia de los chirridos de los grillos aumenta con el calor, ya que su metabolismo se acelera", señala el experto. Este fenómeno, estudiado desde hace más de un siglo, se conoce como la fórmula de Dolvear.

En un mundo dominado por la tecnología, este truco representa una forma "divertida y natural de conectarse con el entorno". López lo recomienda como una actividad para realizar en el campo, especialmente con niños, o simplemente como un juego para "adivinar qué temperatura hace sin mirar el móvil". Es un recordatorio de cómo la observación de la naturaleza, una práctica común para las generaciones pasadas que carecían de herramientas modernas, sigue ofreciendo soluciones y conocimiento.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.