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La botiga d’en Sabater: así es la cueva secreta de Tarragona

En los tiempos de la dura postguerra y el estraperlo hubo una tienda que siempre estuvo abierta y, dicen, que rebosante de lo que necesitases

La botiga d’en Sabater: así es la cueva secreta de Tarragona

 

COPE.ES

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11 jul 2019

La sensación de descubrir lugares ocultos y olvidados por el tiempo, es una de esas experiencias emocionantes, casi indescriptibles, para los que nos gusta patear nuestras costas y montañas. Y si esos lugares están rodeados de alguna leyenda o historia pues aún mejor. Nos convertimos en unos Indiana Jones ibéricos dispuestos a rememorar lo que, a veces, tantas veces se nos olvida. Nuestra historia.

Nos situamos en La Mora-Tamarit, un barrio residencial desgajado de la ciudad de Tarragona, la siempre Imperial Tarraco. En estos lugares lo típico es disfrutar de los restos arqueológicos del pasado esplendoroso de la que fue, durante un tiempo, capital del Imperio Romano, o del mil veces fotografiado castillo de Tamarit (que no es un castillo si no un lugar), pero en este barrio hay algo más, algo oculto, un escondrijo. “la botiga d’en Sabater” (la tienda de Sabater).

En los tiempos de la dura postguerra y el estraperlo hubo una tienda que siempre estuvo abierta y, dicen, que rebosante de lo que necesitases. La botiga d’en Sabater. Pero no es una tienda al uso, en realidad es una cueva en el litoral marino que se usaba para esconder toda clase de mercancías de los ojos de las autoridades competentes. Algunos locales dicen que es una cueva en uso para estos menesteres desde la guerra del francés. La cueva está en desuso hoy en día y castigada por el paso del tiempo, pero aún se puede apreciar el uso que tuvo durante muchas décadas.

Llegar hasta ella es una excursión magnífica. Comienza en el bosque de la marquesa, un estupendo pinar típico mediterráneo, un paraje protegido que escapó a la especulación constructiva costera. Caminamos por casi cualquiera de sus caminos en dirección a la playa de la roca plana hasta descubrir la cala. Después de maravillarnos un rato con eso de “como puede ser que esto esté así al lado (unos 9 km) del puerto de Tarragona”, seguimos costeando por el camino de ronda, dejando la cala a nuestra espalda y el mar a nuestra derecha.

Hemos de estar atentos, unos metros más allá la maleza baja del litoral camufla un camino, casi invisible, que nos lleva, de nuevo a pie de costa. Esta vez escogemos la mejor ruta para bajar a nivel del mar. No hay arena, no hay playa, pero sí unas rocas para poder establecer un pequeño campamento base y disfrutar de un buen chapuzón.

Una vez en el agua, seguimos costeando esta vez metidos en el mar y dejando la costa a nuestra izquierda. El agua nos llega a la cintura o, en tramos, un poco por encima de los hombros. Cabe llamar la atención sobre lo obvio. Este costeo se ha de hacer siempre con buena mar si no quieres acabar estampado contra las paredes rocosas.

Seguimos costeando durante unos 50 metros aproximadamente y vemos como se abre una mini bahía muy camuflada si observas desde lo alto del pequeño acantilado. Allá la veremos. Una entrada a una cueva, la botiga d’en Sabater.

Entramos prudentemente, siempre puede haber algún bicho marino refugiado en ella, y descubrimos que en sus alturas hay vestigios de lo que antaño eran huecos y formas para guardar mercancías fuera de la ley. Un reducto para enriquecer a los contrabandistas y alimentar de caprichos a quién se lo pudiese pagar. La tienda d’en Sabater.

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