Abascal recuerda su bronce de Los Ángeles: "En la vida hay que arriesgar y pelear por ser alguien; salió bien"

José Manuel, 35 años después de abrir el camino del atletismo español en unos Juegos, confiesa: "La fe mueve montañas. Lancé un ataque desesperado y tiré hasta el último aliento"

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Tiempo de lectura: 4'Actualizado 19:23

José Manuel Abascal es una de las leyendas deportivas, no solo de Cantabria, sino de toda España. Hace 35 años logró la medalla de bronce en la prueba del 1.500en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84, algo que inspiró a muchos atletas en nuestro país que quisieron seguir sus pasos y convertirse en los Cacho, Estévez, o Higuero de generaciones posteriores.

Tras colgar las zapatillas en 1992, siempre ha estado ligado a la formación de jovenes atletas cántabros, trabajando en algunos ayuntamientos, lo que le ha llevado a estar actualmente dirigiendo desde hace 4 años y medio los deportes del municipio de Calafell, en Tarragona.

Jaime del Olmo ha charlado con Abascal este miércoles en “Hererra en Cope” de Cope Cantabria, donde entre otras cosas repasó su mítica carrera en Los Ángeles. Puedes escuchar la entrevista pinchando debajo de la fotografía.

. ¿Qué tal por Calafell?

Muy contento. Aquí estoy desde hace cuatro años y medio como director de deportes. Me tratan muy bien, creo que yo también respondo, así que muy contento.

. Antes de entrar en materia, y para aclararlo, ¿por qué finalmente no pudiste ser director del IMD de Santander, por alguna cuestión burocrática?

No, no. Precisamente por eso... Valoré un poco lo que tenía, en qué situación estaba. Probablemente si me lo hubieran ofrecido hace unos cuantos años hubiese aceptado sin ningún problema, pero entendí que tampoco me quedaba mucha vida laboral. Uno tiene que estar donde es feliz, donde le tratan bien y donde es valorado. En el lugar donde estoy tengo todas esas condiciones, así que finalmente decidí quedarme en Calafell.

. Pionero del atletismo olímpico español y quizá precursor, o como mínimo referencia y espejo a seguir, de los Fermín Cacho, Reyes Estevez, Juan Carlos Higuero... y demás... ¿Lo sientes así, en algún momento te lo han podido decir ellos mismos?

Sinceramente, y modestia aparte, tanto José Luis González como yo fuimos los dos mejores atletas españoles en aquel momento, en los 80. Abrimos el camino para que otros atletas como los que has nombrado luego pudieran seguir nuestros pasos. Cuando el récord estaba en 3'40” nosotros lo dejamos en 3'30”, también conseguimos colocarnos entre los mejores del mundo en los 5.000 metros, y luego los Cacho, Estévez, Higuero..., estuvieron brillantes, siguieron nuestra estela e incluso la mejoraron, y de eso nos sentimos orgullosos.

. Recuerdo que la carrera fue tactica al principio, quizá lenta en los primeros 400 metros contigo en el pelotón del grupo, pero a partir de ahí un americano comenzó a tirar y te ayudó a escalar posiciones hasta la tercera plaza, más o menos. Y cuando restaban unos 700 metros, tiraste como un valiente como tu baza para poder aspirar a ganar el oro. Pero Sebastian Coe era mucho Coe...

Ya veo que te sabes muy bien la carrera, tanto o mejor que yo... (risas) Es un buen resumen. Efectivamente yo llego a la final olímpica después de dos carreras durísimas. En aquellos tiempos no había día de descanso, ahora te lo dan entre carreras... Me presenté en la final, que era mi sueño olímpico, después de la de Moscú donde llegué a semifinales. Aproveché mi oportunidad, y ahí un pasiego de Vega de Pas no podía hacer otra cosa que dejarse la piel por intentar hacerlo lo mejor posible. Había tres británicos que eran prácticamente infranqueables: Coe, que era el campeón olímpico anterior; Steve Cram, que era el campeón del mundo; y Steve Ovett, que era recordman mundial. Solo se enfrentaban en las grandes competiciones, Olimpiadas y Mundiales, y ahí me los encontré a los tres...

. Ahí es nada, menuda competencia por las medallas...

Pero es que la fe mueve montañas. Lancé un ataque, como ya anuncié previamente, desesperado; con contundencia, con valentía, y eso hizo que el pelotón se diezmara. De hecho, la marca estuvo muy cerca de ser récord del mundo, fue la segunda mejor marca de la historia de los Juegos Olímpicos. Se unió todo, y un británico que no estaba muy fino, Ovett, me abrió el camino hacia la gloria, esa medalla de bronce que fue la primera medalla del atletismo español en pista.

. Pero el keniata que venía por detrás en esos últimos 100 metros... Qué agobio, ¿no? Parecía que te iba a cazar y llevarse el bronce. No sé si en ese momento estabas más pendiente de los dos primeros o mirando por el retrovisor...

No, no... (risas) Si llego a tener retrovisor es cuando te tensas y te pones peor. Una de las cosas que hice fue intentar no mirar atrás, siempre hacia adelante, no rendirse, y tirar hasta el último aliento hasta alcanzar la meta. Esa era mi lema; ataqué a falta de 700 metros, creo que lo hice bien porque dejé a muchos atrás, y claro... Chesire (el keniata) tuvo que hacer un esfuerzo muy grande para alcanzarme porque le pilló en la parte trasera, y cuando estuvo a punto de hacerlo se le hizo muy tarde porque no pudo doblegarme.

. Qué gozada, qué gran emoción, ¿no?

Esa medalla al cruzar la meta, después de 84 años, que nunca antes se había logrado para un español en un estadio, supuso algo muy grande en mi vida deportiva. Además, ese año me proclamaron mejor deportista español, incluso por delante del baloncesto que fueron plata, Doreste y Molina que fueron oro en vela... En fin, valoraron mucho esa medalla, y también de eso me siento orgulloso.

. Pero claro, uno si se para a pensar, no deja de quedarse perplejo cómo el trabajo de varios años se resuma en una carrera, un examen de tres minutos, que te puede salir bien, mal, regular... Es injusto, pero así es el deporte y el atletismo... ¿Eso te agobiaba?

Bueno, ya cuando tienes una experiencia, no puedes ahogarte en un vaso de agua... Sabes que te la juegas, y hay que esperar el día oportuno, el día “D” y la hora “H”, para asestar un golpe, y eso es lo que hice. Me dije “llegó mi momento y lo voy a intentar”. Si uno se echa para atrás o se mete en el pelotón sin intentar algo, pues probablemente acabes sexto, séptimo... en el mejor de los casos. Pero en la vida creo que hay que arriesgar y hacer algo por mejorar, o ser alguien. Yo lo tuve claro, ya llevaba más de 10 años en el atletismo desde que empecé con 15 años, y esa era la oportunidad de mi vida; había que aprovecharla y por lo menos lo intenté. Salió bien y eso nunca lo olvidaré.

. ¿Echas de menos la competición, el atletismo en general?

No, hombre, eso ya ha pasado. Yo ya estoy fuera, en la reserva... (risas) Lo que hago es ejercicio para mantenerme en forma. También sigo el atletismo, tanto en el ámbito nacional como mundial. Me gusta, porque se lleva en la sangre. Eso es lo único que echo de menos. La competición ya no, porque ahora estoy en otro ámbito.

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