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La Virgen de Candelaria, el volcán y un traslado apresurado a La Laguna

Los sucesos del 2 de febrero de 1705 causaron gran conmoción entre los fieles que peregrinaron a la Villa Mariana

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Verdadero retrato de la Virgen de CandelariaCristóbal Hernández de Quintana

Daniel PineloCandelaria

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 08:53

La devoción a la Virgen de Candelaria en todo el archipiélago ha estado ligada siempre a un gran sentir popular, especialmente, de los habitantes de Tenerife, que a modo de peregrinación acuden año tras año a rezarle a María a los pies de su imagen.

Cada 2 de febrero, la Iglesia católica celebra la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Candelaria, 40 días después del nacimiento de Cristo, conmemorando también la presentación de Jesús en el Templo. Desde hace ya algunos años, este día es festivo en Tenerife y siglos atrás era la celebración principal en honor a la Virgen, pasando posteriormente a tener más popularidad la solemnidad de la Asunción, el 15 de agosto.

Fue precisamente un 2 de febrero, hace más de 300 años, cuando sucedió algo que encogió el corazón de los fieles. La población de Tenerife vivía con miedo a principios de 1705. La isla no dejaba de sufrir terremotos y la tierra se había abierto de forma consecutiva en dos fechas señaladas: el 31 de diciembre y el 5 de enero, con los volcanes de Siete Fuentes y Fasnia.

Como apunta la página Microhistorias de Tenerife, dos días antes del 2 de febrero, el obispo de Canarias, Bernardo Sanzo de Vicuña, había muerto repentinamente en La Orotava, donde se había refugiado ante los continuos terremotos. Por eso, la peregrinación a Candelaria de 1705 fue especial.

Muchos pensaban que llegaba el fin del mundo y el Valle de Güímar, comarca donde reside la imagen de la Virgen morenita, había perdido a 16 vecinos por el derrumbe de sus casas. También en La Orotava se habían producido daños materiales.

Volcán de Arafo

Jesusadi (Wikiloc)

La peregrinación a Candelaria ese año fue multitudinaria. Los tinerfeños acudieron en masa para pedir que terminasen las desgracias que asolaban a la isla. Pero esa tarde del 2 de febrero ocurrió otro fenómeno. Los altos de Arafo también se abrieron y el magma salió por la cumbre. “El estruendo y la lluvia de fuego y piedras es mayor que en las dos ocasiones anteriores. La lava avanza barranco abajo. La gente huye. La venerada imagen de la Virgen es trasladada a toda prisa, por el Camino, a la Ciudad. En toda la isla resuena el tañido de las campanas”, apuntan desde Microhistorias de Tenerife.

El cronista oficial de Güímar y Candelaria, Octavio Rodríguez, apunta cómo “los temblores que precedieron a la erupción de este volcán asustaron a los peregrinos que acudían a la fiesta, por lo que la Santa Imagen pasó la noche en la playa, colocada mirando a la cumbre en rogativa, rodeada de tumulto y confusión; luego la llevaron a la ermita de Santiago y de allí fue trasladada a La Laguna, donde permaneció durante cinco largos meses”. Los devotos temieron que uno de los dos arroyos de lava, que se dirigía hacia el pueblo de Arafo, pudiese bajar hasta la Villa Mariana, de ahí que el 3 de febrero se decidiese trasladar a la Virgen a la capital de la isla.

La erupción duró 54 días, hasta el 27 de marzo, pero la imagen no volvería a Candelaria hasta el 7 de junio, siendo una de las estancias más largas de la patrona en La Laguna. Pero la tierra seguiría temblando en Tenerife ya que, un año después, Garachico asistiría a la erupción del volcán de Arenas Negras, que arrasaría el por entonces principal puerto de la isla. La Virgen de Candelaria, en este caso, sí estaba a salvo.

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