todos deben asumir con responsabilidad y personalidad la misión de salvar al equipo
El Sevilla le da de comer al victimismo
El caso Almeyda desata una ola victimista que puede llevar al equipo a un irresponsable callejón sin salida

Almeyda se encara con el colegiado
Sevilla - Publicado el
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Antonio Escohotado nos dejó, antes de morir, un caudal de conocimiento. Creo que fue el cardenal Sarah quien dijo que «ante las dudas, genuflexión». Pues, ante las situaciones complicadas, siempre es recomendable acudir a las reflexiones del maestro. Una de las ideas que repetía Escohotado era su rechazo al victimismo: «Detesto el victimismo y pago sin vacilaciones el peaje de la independencia». Para él era síntoma de decadencia personal y social. Suponía una renuncia a la libertad y, sobre todo, a la responsabilidad individual. En los últimos días, el Sevilla y el sevillismo han empezado a darle de comer al victimismo, el primer paso antes de caer definitivamente por el precipicio.
Mientras el técnico argentino protagonizaba un espectáculo impropio de un profesional que manda continuamente mensajes sobre la vida, la bondad y las energías, el estadio se levantaba en pie de guerra: «¡Almeyda! ¡Almeyda!». El pueblo se sentía víctima de un atentado y respondía con orgullo en defensa de su guerrero. Un guerrero que no le gana a nadie, pero que en el victimismo encontró un reconfortante refugio ante la decadencia. Sin duda, el primer paso hacia el desastre.
Nadie duda de que el colectivo arbitral está podrido. Que todo huele mal desde hace tiempo y que el bajo nivel de los colegiados es alarmante. La incapacidad de Galech Apezteguía es intolerable en la élite, al mismo nivel que la reacción irresponsable del entrenador, que dejará al equipo los próximos partidos en manos de un chaval de la cantera, Javi Martínez, porque ninguno de sus ayudantes tiene papeles para cubrirlo.
El Sevilla y su gente están a un paso de meterse en un callejón donde acabarán destrozados. Mantener viva la guerra contra los árbitros supondrá una entrega total. Supondría un acto decadente por parte de todos para eludir la responsabilidad de hacer todo lo posible por dejar al Sevilla en Primera División. El victimismo consuela al aficionado, reviste de una falsa dignidad a un profesional que no gana, sirve de justificación al futbolista y tapa las peligrosas carencias de los que aún dicen estar al frente de la entidad. En las próximas horas todos (club, afición, entrenadores, técnicos, jugadores…) tendrán que decidir si se echan en brazos del maldito victimismo o asumen, con personalidad, libertad y responsabilidad, la misión que deben cumplir.



