
Jaén - Publicado el - Actualizado
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En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirar, Francisco Alegre, y olé… decía la copla. Por las calles de Jaén hay otros carteles que tampoco yo quiero mirar porque me parecen pretenciosos e hiperbólicos: la Catedral de la Navidad. En realidad, la iniciativa del Ayuntamiento y de la asociación de empresarios Müy Jaén no me parece mal si le da vidilla a la ciudad. Mi problema es con la Navidad en su conjunto de manera que aprovecho cualquier pretexto para arremeter. Hecha la aclaración, prosigo.
Con la prosapia del nombre me imaginaba que el espectáculo sería el “rien ne vas plus” de la tecnología y la música. El gentío que se agolpa para oír una musiquita navideña al ritmo de las cuales bailotean unas luces juguetonas aprueba la grandilocuencia del nombre, ¡oh, oh, oh, la Catedral de la Navidad! Falta sólo que el infame gordo ese vestido de rojo y con barba blanca sea el encargado de gritar por la megafonía las exclamaciones de admiración, oh, oh, oh. Los aplausos se los lleva un puñado de luces que no difieren mucho de las que se compran en los chinos o en AliExpress a un euro el “puñao”.
“De coloribus non est opinio”, para gustos los colores, que traduciría un castizo, así que allá cada cual con sus preferencias navideñas. Sin embargo, no deja de sorprenderme que familias enteras, codo con codo, abandonado por un rato el temor de ómicron, pi, la sexta ola y el descenso a los infiernos se apalanquen para contemplar semejante despliegue de medios sonoros y lumínicos. Me dio un vahído al constatar que aquel entretenimiento era grabado con deleite en los móviles con la pretensión, imagino, de acaparar “me gusta” en Instagram.
Me consuelo con el pensamiento de que las lucecitas de marras son un mal endémico de cualquier población que se precie. Lamo mis heridas de estas fiestas con la certeza de que por otros lares han perdido más el oremus. Vox en Granada ha pedido la retirada del alumbrado navideño y el cese del alcalde porque incluye “cruces satánicas”. Algunos incluso acusan de cómplice al obispo.
Lo antedicho me conduce a conclusiones nefastas. O es cierto que la vacuna idiotiza o yo me he convertido en un misántropo irrecuperable para la causa humana. Sea como fuere, ¿a quién tengo que pedirle que mañana sea ya víspera de Reyes y concluya este tormento almibarado de paz, amor y tontuna?
Palabras, divinas palabras



