La cripta de Jaén desvela la trágica historia de los 50 de Adamuz y los 'trenes de la muerte'
La columna de opinión semanal 'Ad Líbitum' de Javier Pereda reconstruye el periplo de estas víctimas de la Guerra Civil cuyos restos descansan en la capital jiennense

Ad Líbitum, con Javier Pereda
Jaén - Publicado el
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La cripta del Sagrario de Jaén alberga los restos de 328 víctimas de la Guerra Civil española. Una inscripción en la primera de sus ocho lápidas los describe como una "relación de los mártires inmolados por dios y por España", lista que encabeza el obispo Manuel Basulto Jiménez. Entre los nombres, ordenados alfabéticamente, llama la atención una lista de 50 víctimas de Adamuz (Córdoba), generando la pregunta sobre su presencia en Jaén.
Estado de guerra en Córdoba
Tras el alzamiento del 18 de julio de 1936, la provincia de Córdoba quedó dividida. La capital fue tomada por el bando nacional bajo el mando del coronel Ciriaco Cascajo, mientras las fuerzas republicanas centraban su ofensiva en municipios como Adamuz. Esta localidad, que inicialmente quedó en zona sublevada, pasó a control republicano el 10 de agosto.
Documentos del archivo histórico nacional revelan que el comandante de la Guardia Civil, Romualdo Reyes Martínez, recibió órdenes contradictorias de las autoridades civil y militar. Tras declarar el estado de guerra, organizó patrullas civiles, pero las prometidas fuerzas nacionales nunca llegaron y las milicias republicanas cercaron la población.
Rendición y trágico destino
El asedio se volvió insostenible, con la torre de la iglesia ocupada y un cerco de 7.000 hombres armados. Ante esta situación, el cabo Reyes Martínez aceptó la rendición ofrecida por el capitán Antonio Reparaz, quien simuló lealtad a la República. Sin embargo, el destino de los 50 adamuceños fue diferente: fueron conducidos a la catedral cárcel de Jaén.
Desde allí, los días 11 y 12 de agosto, fueron embarcados en los llamados trenes de la muerte con destino a Madrid. Los obligaron a bajar en el apeadero de Santa Catalina, cerca del Pozo del Tío Raimundo en Vallecas, donde ametralaron a 190 personas. Sus restos regresaron a la cripta de Jaén al finalizar la contienda.
El escritor Gironella tituló una de sus obras "1936, la guerra que todos perdimos", una frase que resuena al observar este episodio histórico. Tal como reflexiona el periodista Javier Pereda en su columna de opinión semanal ‘Ad Líbitum’, pese a tragedias como esta, "algunos continúan sin superar el enfrentamiento y el odio". La cripta, hoy, es un lugar de adoración y perdón.
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